—Bueno, aquí vamos —Le dice César a Amalia una vez toma asiento a su lado en el automóvil ejecutivo. Suspira de manera sonora y toma a Isaac en brazos. El niño lo reconoce en seguida, pues cada vez que lo ve no hace sino buscar los brazos de su padre. —¿Cómo le fue? —Le inquiere Amalia mirándolo fijamente. —Bien, algo difícil, aunque al final salí más tranquilo, creo que necesitaba dar este paso —Le explica César en tranquilidad mientras el auto avanza por las calles—. Es triste como se sucedieron las cosas, pero acepto mi destino. No puedo amargarme por eso. Afortunadamente tengo la posibilidad de hacer las cosas diferentes a partir de ahora, y ¿Sabes qué? la tranquilidad de no haberme echo eco de las maldades de Angélica y que Fabiana ni Isaac perecieron en sus manos me llena de calma

