«Yo te puedo dar ese dinero…, pero sabes cuál es la única condición para que yo te dé el apoyo… Tal vez hasta pueda ayudarte a comprar algo distinto en un lugar mejor. Mi hijo no puede crecer dentro del vientre de una mujer que viva en los suburbios… César no sabrá nada sino cerca de los dos meses antes del nacimiento… ¿Qué dices? ¿Aceptas?» Todas estas palabras retumban de manera insistente en la cabeza de una Fabiana aturdida, turbada, presa de la desesperación. Del dinero que tiene dispuesto para la comprar del departamento solo cuenta con el que le darán en el hospital por todos los años que lleva trabajando allí y lo poco que ha reunido con las guardias y los pagos de los últimos dos meses trabajando para la señora Arianna. Eso si acaso cubre un poco menos de la mitad del costo. Sol

