Andreina no podía creer que a puertas de su boda, después de años de saber cuál sería su destino hubiera permitido a su corazón enamorarse de un desconocido, aquello no debía haber ocurrido.
Se reprochaba haberse dejado llevar por su corazón y no haberle hecho caso a su conciencia que le repetía que no fuera a verse con él.
Pero aunque cada mañana se despertaba jugándose no ir a verlo, su corazón corría a su encuentro y era feliz al contemplar su sonrisa al verla llegar.
Fue imposible para Andreina negarse a lo que él le hacía sentir.
Al segundo día de verlo se dijo a sí misma: ¡Sí ésta será mi única oportunidad de experimentar la felicidad, la viviré aunque después me duela el alma al verlo partir!
Andreina disfrutó cada segundo a su lado y fue feliz al sentir sus manos unidas y al sentir sus caricias en su rostro y sobre su piel.
Los recuerdos de aquel muchacho estaban más presentes que nunca en la memoria de la princesa Andreina, la imagen de aquel desconocido palpitaba en su ser y queriendo sentirlo más cerca la princesa Andreina abrió el libro que él le regaló y allí entre esas páginas estaba el pasaje que él le leyó con tanto amor y mirando aquella flor que él había puesto en su cabello suspiró muy bajito recordando su tristeza y lo hermoso de aquél momento.
Y luego dijo para sí misma: Si mi madre supiera quién me dio esta flor.. Si pudiera contarle a ella mi pena...
Pero, creo que de nada me serviría ya que mi destino está trazado desde niña y en él lo que siento en mi corazón no tiene lugar...
Mirando aquella flor, seca, marchita y rota, decidió hacer lo mismo con el recuerdo de aquellos bellos ojos que la miraban al poner esa margarita silvestre en su cabello.
Abrió la ventana del carruaje y sacando su mano dejó volar con el viento los pétalos machitos de aquella flor.
¡Llévate contigo su recuerdo y no vuelvas a traerlo a mi memoria, o no tendré fuerzas para casarme y cumplir con mi destino!
En silencio su corazón hablaba mientras sus labios estaban cerrados.
La princesa Andreina escondía un gran secreto en su corazón y su primer beso en su memoria.
Mientras veía volar los pequeños pétalos recordaba aquel precioso momento repasando en su memoria cada palabra que él le había dicho.
¡Eres tan hermosa!
Y no puedo creer que no vuelva a verte, quisiera poder cambiarlo todo para estar contigo, he sido más feliz a tu lado en éstos días de lo que he sido en toda mi vida...
Los ojos cafés de aquel muchacho se clavaron en los ojos de Andreina que cerrandolos recibía en sus labios su primer beso.
Uno de muchos que decidió darle aquel muchacho, él se decía qué si debía renunciar a vivir con la bella joven lo que deseaba disfrutar por toda su vida, sacaría su sed de sus besos hasta embriagarse de ellos.
Y Andreina decidió disfrutar de la ternura de sus besos y del amor que sentía con un hombre como él, que sería su consuelo antes de recibir en su vida a un hombre frío y cruel como imaginaba que sería el príncipe Fillip, ella tomaria toda la dicha posible de aquella boca y bebería el elixir de la felicidad de los labios de aquel muchacho.
Ambos entregaron sus almas en aquellos besos, dos corazones se unieron debajo de un frondoso cedro, su sombra abrigaba dos corazones que robaban felicidad a sus destinos disfrutando de momentos de miel que embriagaban de amor a dos almas sedientas de dicha.
Deseaba volver a aquel momento y estar en sus brazos otra vez en su imaginación, la princesa Andreina suspiraba en su alma y se decía: ¡Cómo quisiera que fuera posible!
Exclamó Andreina sin darse cuenta que lo que pensó lo había dejado salir de su boca
¿Que cosa Andreina?
Le preguntó su madre al escuchar lo que ella había dicho
Mirándo a su madre Andreina sonrió y no quiso responder, habían muchas lágrimas encarceladas en su garganta y sentía que si abría su boca saldrían sin remedio una a una las lágrimas que cobijaban su hermoso secreto.
Mientras la princesa Andreina hallaba fuerzas en sus recuerdos, en el Palacio del rey de Asterbark todo se arreglaba para la llegada de la futura esposa del príncipe Fillip.
Todos los preparativos en el reino de Asterbark eataban casi listos, excepto el príncipe Fillip, éste cabalgaba libre por los campos tratando de que sus sentimientos se alinearan con su razón y su deber de tomar por esposa a la princesa Andreina a la que no recordaba ni tampoco deseaba conocer.
El príncipe Fillip sabía que tenía un deber que cumplir con su nación y su corona, pero no podía olvidar lo que había vivido en brazos de su bello ángel. La había dibujado en un cuadro y lo guardaba como un secreto en un baúl bajo llave.
Lo había plasmado en un lienzo después de volver de su viaje por el campo y aunque desconocía su nombre en su corazón le llamaba mi bello ángel, esa bella muchacha lo había hecho muy feliz, con ella el príncipeFillip se había sentido libre y en su boca había derramado amor, dicha y felicidad y había recibido igual porción de dicha que su bello ángel había depositado en él.
Sabía que lo que había vivido en sus brazos nunca más lo volvería a sentir por nadie más, había sido para Fillip un sueño maravilloso del qué no quería despertar.
Bajando de su caballo el príncipe Fillip deseaba sacar de adentro lo que lo hacía sufrir y lo atormentaba, sabiendo el príncipe Fillip que nadie lo escucharía gritó: ¡Te amaré toda mi vida!
¡Hasta el día de mi muerte te amaré sólo a ti!
El príncipe Fillip sacaba de su corazón algo que lo torturaba cada vez que pensaba en ella y que deseó poder decirle aquella vez.
Perdóname, porque debo olvidarte mi bello ángel, ¡aunque no quiero!
Fillip.sufría por aquella muchacha y debía dejar su recuerdo bajo llave como aquella pintura que había escondido en un baúl.
Después de gritar su secreto y entregarlo al viento el príncipe Fillip volvió a donde estaba su cabello para regresar y tomar su destino .
Volviendo al Palacio el príncipe Fillip había tomado fuerzas para enfrentar su destino y casarse.
Pero no queriendo el príncipe Fillip saber nada sobre su futura esposa se dedicó a hablar con su padre de los asuntos del reino.
Siendo hijo único Fillip no tenía salida, sobre él pesaba la corona y sobre sus hombros el evitar el derramamiento de sangre inocente.
Debía casarse con la princesa Andreina aunque nunca la llegara a amar porque su corazón pertenecía a un bello ángel del que no sabía su nombre.
Después de hablar con su padre el príncipe Fillip subió a su habitación y abriendo el baúl donde había escondido el retrato que él hizo de la mujer que amaba, cerrando sus ojos se imagino tenerla frente a él y besando el retrato le dijo: ¡Adiós mi amor, adiós!
Debo sacar tu recuerdo de ésta habitación y ocultarte en otra...
He pensado quemarte, ¡pero no puedo!
Cuando mi fuerzas se agoten, vendré a ti y tu recuerdo me dará fuerzas...
Mi bello amor, contigo fui el hombre más feliz de éste mundo y aunque nunca más vuelva a verte, has quedado impregnada en mi alma y tu recuerdo me hará feliz el resto de mi vida.
Con mucha tristeza el príncipe Fillip llevó el baúl que ocultaba algo muy valioso para él, hasta el lugar dónde estudiaba y lo dejó bajo llave.
Ese sería su tesoro y su más preciado recuerdo.