El sonido de los pájaros en la madrugada le hacían sentir a Margerritt más frío de lo natural provocado por la curva dónde estaba. Se podía escuchar afuera de su improvisada habitación a los hombre reír y chocar sus copas, eso solo podía significar que estaban ebrios, sus risas y absurdas bromas lo indicaban. Margeritt estaba asustada por su bebé que ahora sabía con certeza que pertenecía al único hombre que ella amaba. Se lamentaba de lo ambiciosa que había sido y de sus técnicas de mujer para llegar a Frederick, y tocando su vientre abrigada por una sola manta azul, le decía a su bebé: ¡Mi amor perdóname por ponerte en éste riesgo. Abrazate fuerte a mí, pase lo que pase no me dejes, que yo voy a defenderte con toda mi vida! Margeritt no lograba escuchar la voz del muchacho entre tod

