Era hora de poner precio a la cabeza de Albert, y no precisamente por el rey Frederick, sino por el esposo de una mujer con las que durmió Albert para sacarle información sobre lo que sucedía en el palacio de Concordia. El general tenía más aliados que su mujer, o debería decir si ex esposa, porque una vez que el general se enteró de la infidelidad de su esposa y del hombre con el que ella lo engaño, la cabeza de Albert tuvo un precio muy alto. El general estaba dispuesto a cobrar una deuda doble en la vida del atractivo muchacho y así como él se había aprovechado de su ausencia y pagado bien por acercarse a su esposa, el general Basilisco, pagaría bien por la información que lo llevara al traídor que intento matar al bebé de su rey y la reina Margeritt. Después de seguirle la huella al

