capitulo 4

3137 Words
Capítulo 4 Y así están pasando mis primeros días de trabajo. No veo mucho al señor Entrecanales y doy gracias por eso. Hoy es jueves. Ya casi la semana se termina. Antes de salir de casa Beca me recordó lo el almuerzo con la familia de mi jefe. A ella le está hiendo genial en su trabajo. El asistente de la editora principal. Según Beca la mujer es todo un amor y fuente de la sabiduría literaria. En cambio, a mí me va peor cada vez. Llego cada día intentando hacer las cosas ben. Pero el señor Entrecanales parece no notarlo. Es tan frio y odioso. Y creído. Y Dios quiero lanzarlo por la ventana a veces. Hoy no llevo tacones. Las batatas y la planta de los pies me duelen horribles. Eso de los tacones no es lo mio. Llevo una blusa color melón. Una falda negra. Y unas bailarinas. Al llegar a la oficina. Saludo a Mely que esta con un resfriado. Pero aun así vino a trabajar – Buenos días Sabrina – me saluda. Antes de taparse la boca y la nariz con un pañuelo desechable para estornudar – buenos días Mely. Creo que deberías irte a casa – Sabrina no puedo. Hoy es la reunión. Con los socios de Seattle. Tengo que tener la sala de juntas listas. Y el restaurante – dice y vuelve a estornudar – ¿A qué hora viene el señor entrecanales hoy? – digo pasándole otro pañuelo – Gracias. Justo a la hora de la reunión – ¿y eso es? – A las diez y media – Miro mi reloj y son las nueve en punto. Tengo que ayudarla o se volverá un desastre. >mi mente lanza insultos al señor Entrecanales mientras le paso otro pañuelo desechable a Mely que no deja de estornudar – bien vamos a que te tomes un té y un analgésico – Sabrina no puedo tengo muchas cosas que hacer – te ayudare hacer todo después que te tomes algo para ese resfriado. Así que vamos antes de que se nos haga tarde – mely toma sus cosas y se levanta – tráete el número del restaurante para confirmar la reserva. Y la lista de cosas que tenemos que comprar – las toma y salimos a toda prisa. Entramos en la cafetería de la siguiente cuadra. Pido un té manzanilla para Mely. Y un café de prensa francesa para mí. No soy muy amante el té. Ni del café tampoco. Pero hoy me ha provocado. Saco de mi bolso un analgésico y se lo entrego a Mely – Cómo es que tienes analgésicos en tu bolso – Mely esta sombrada – mama dice que mujer precavida vale por dos. Y la verdad es que a veces tengo dolores de cabezas muy fuertes – déjame adivinar esos dolores de cabeza se llamaIker Entrecanales – si él es el causante de casi todos mis dolores de cabeza – sabias que cuatro chicas antes de ti. Habían tomado el trabajo y se fueron al mismo día. Bueno una resistió dos días – ¿Cuatro? Son muchas soy muy valiente o muy estúpida – no lo sabía. Creí que el señor Entrecanales tenía muy poco tiempo en el puesto de presidente – no. El lleva dos meses. De hecho, nos hizo trabajar casi todo diciembre Estúpido desconsiderado. Mal nacido. Hijo de su gran madre. Sigo lanzándole insultos mentales. No me creo capaz de poder decírselos a la cara. No en mis cincos sentidos – Sabrina solo tú has durado tanto. En el trabajo y sin insultarlo Hay Dios como deseo decirles unas cuantas cosas. Solo que mi valor me falla – necesito el trabajo. Tengo que ayudar a mis padres. Y no puedo vivir de gratis toda la vida con Beca – yo igual. tengo un hermano de diez años sufre de síndrome de asperger y las consultas son muy caras y ni hablar de los medicamentos. Somos de un pueblo. Mi madre es maestra y mi padre pescador. Logre conseguir una beca. Aquí en bilbao. Y también conseguí este trabajo. Pagan muy bien y la verdad lo necesito – te entiendo. Mi papa es contador. Y trabajaba para una empresa. Que se fue de nuestro país. Y engaño a todos los trabajadores. El quedo sin trabajo. Y mi madre es peluquera. Mi hermano Isidro y yo tuvimos que trabajar para ayudar. trabajo desde que tengo dieciséis. Papa no logro conseguir trabajo como contador nuevamente. Y consiguió trabajo como jefe de mantenimiento en una clínica. Y hace algunos años que trabaja para los papas de Beca. Y mi madre se queda en casa. Sé lo que es no tener nada. Después de haberlo tenido todo. Se lo que es tener deudas y ver a tus padres llorar porque no tienen como pagarlas – No le había contado esto a nadie antes. Solo a Beca. Pero Mely la verdad se las está viendo feas aquí sola. Y quiero que ella sepa que hay alguien que entiende por lo que está pasando – Qué hora es – miro mi reloj nueve y treinta – nueve y treinta. Qué te parece si me dices que debemos comprar y a quien llamar – bien llame ayer a la panadería del centro y encargue. Veinte cruasanes. Y quince panecillos. Son americanos ¿cierto? como esas cosas – si comen muchos panecillos. A ver que más dime – bien necesito café. Y jugo de naranja. Y confirmar la reserva en el restaurante. Eso es todo – bien esto es lo que haremos. Yo recibiré el pedido de la panadería y me encargare. De arreglar la sala de juntas. Preparar el café y tener todo listo. Tú encárgate del restaurante y de que todos los informes estén impresos y listos para cada socio. Bueno – Bueno – tomamos nuestras cosas y de camino nuevamente a la oficina Al llegar ya el pedido de la panadería está en recepción. Tomo las dos cajas y entro al ascensor. La sala de juntas está en el piso ocho. El edifico tiene diez pisos. Y yo solo he estado. En el tres. Y el último. Al llegar un chico me ayuda con las cosas y abro la sala de juntas. Una mesa larga de madera. Nada de vidrio. Doce sillas. Cinco de un lado y cinco del otro. Y una en cada extremo. Las paredes del mismo color que la de mi oficina. Marfil. Camino hasta una mesa que está en la esquina y dejo las cajas ahí. Saco las cosas de la caja que por suerte ya están en bandejas. Prendo la cafetera. Y preparo el café. Hay una pequeña gaveta debajo en la mesa. La abro hay vasos y servilletas. Los saco y los acomodo al lado de la cafetera. Solo falta el jugo de naranja. Salgo en busca de él y veo a Mely venir con botellas de agua. Varias carpetas en la mano. Y una bolsa también. Camino a toda prisa y le quito las botellas de agua. Y la bolsa – Bien tú pon los informes y yo sigo con esto – Pongo las botellas de agua en orden y las de jugo también. Volteo y Mely se ha ido. Miro mi reloj diez en punto. Y al parecer todo está listo. Miro a mi alrededor y no hay nadie todo está en silencio. Miro toda la sala de juntas y algo llama mi atención. Solo hay un cuadro solo uno. En el fondo de la sala. Camino hasta el cuadro. Y lo miro muy detalladamente. Es un niño sentado con la cabeza metida entre las piernas y los brazos apoyados en las rodillas. Este encerrado como en una especie de habitación. Todo el cuadro es blanco. A excepción del niño y las paredes son hechas con carboncillo n***o. El cuadro es hermoso, pero mirarlo produce melancolía. Es como si el pintor estuviera pidiendo a gritos ayuda. Es tan hermoso que aturde y tan triste que desespera. Levanto mi mano para tocarlo. Pero me detengo. No sé porque, pero me detengo y una voz detrás de mí me hace voltear. Me quedo totalmente petrificada al ver a mi jefe ahí parado. Con cara de muy poco amigos. Está molesto – Señorita es acaso usted sorda – me dice con la voz seca – perdón…. Perdón que – bien Sabrina ahora tartamudea. Para que lo alteres más – Le he preguntado que si es usted sorda – dice ahora más molesto – la he estado llamando y no me ha hecho caso. Por lo que intuí que tiene problemas auditivos – Y usted tiene problemas de educación. Le apeste mentalmente – perdón. Lo siento no lo escuche. Yo… yo estaba – no sé qué decir – usted estaba en la sala de juntas sin permiso mirando mi pintura – ¿Su pintura? De verdad está molesto –lo siento señor yo… yo no quería molestar a nadie – Mis lágrimas ya quieren salir. NO LLORES. NO LLORES. Me repito a gritos mentalmente – ya dejé de disculparse tanto que me irrita. Y dígame de una vez que necesita – Lo siento – ay mierda Sabrina dijo que dejes de disculparte que eso lo irrita. Levanto la vista me paro derecha. Y respiro para reprimir las lágrimas – yo estaba mirando la pintura – me mira como si no me entendiera – Se le ha perdido algo en ella – están orgulloso – no… es solo que me pareció muy hermosa. Eso es todo – pues le recomiendo que se limite a hacer su trabajo. que es ser mi asistente personal. No una crítica del arte – claro señor lo… lo siento – me mira aún más molesto. Sé que es porque me disculpe. Pero es que no puedo dejar de hacerlo. Miro hacia la puerta y Mely está entrando con los socios. Mi jefe voltea hacia la puerta. Y yo aprovecho para limpiar una lágrima que se ha escapado. Respiro fuerte. Tengo un nudo en mi garganta y mi pecho esta apretado. Mely me pregunta que ha pasado desde lejos. Y yo niego con la cabeza para que se quede tranquila. Salgo de la sala. Regalando las sonrisas más fingidas que he dado en mi vida y sin mirar. A mi jefe. Camino lo más rápido que puedo hasta el ascensor. Esta vacio. Marco el piso y pongo mi mano en mi boca para tapar un grito. Y la otra en mi estómago. La puerta de ascensor se abre. Y en presidencia solo somos. Mely. El señor carismático y yo. Nadie me vera llorar aquí. Entro a la oficina. Luego a mi oficina paso el seguro. Sigo con la mano en mi boca y mi pecho apretado. Camino hasta el escritorio y me sostengo. Me deslizo hasta el piso. Y ahí me desahogo toda. Lloro hasta más no poder. Como es tan malo. Y cruel. Solo estaba mirando una pintura. Quiero salir corriendo. Pero necesito este trabajo. Los sollozos salen con más fuerza. Y las lágrimas como lluvia. Solo tengo cuatro días trabajando con él. Y me ha hecho la vida miserable. LO ODIO. LO ODIO. LO ODIO. No sé cuánto tiempo tengo aquí tirada llorando. Me levanto porque oigo el teléfono sonar. Me levanto puede que sea Mely y necesite ayuda. Hola Señorita puede venir por favor – solo dice eso y tranca la llamada Me limpio las lágrimas. Y acomodo mi cabello. Respiro antes de salir – Dígame – le digo con la cabeza baja – Está usted bien – su voz aun suena irritada. Siempre está irritada. Todo le irita – sí. Estoy bien dígame que necesita – yo también estoy algo irritada. Él me irita Y juro por Dios que lo matare si me insulta de nuevo – necesito que acomode esas cosas. En ese estante de ahí – dice señalado el estante que tiene unas pequeñas puertas de vidrio. Son reconocimientos. Uno de ellos es todo de vidrio. Y la verdad me da miedo que se me caiga. Tomo los más pequeños primero con mucho cuidado. Y lo acomodo muy bien. Busco el más grande, pero me habla y me detengo – Ese va ahí arriba – me señala hacia arriba del estante. Como diablos voy a llegar ahí – Tome una silla – dice en respuesta a mis pensamientos. Tomo la silla y me monto aprieto con fuerza el cuadro de vidrio para que no se me resbale. Pero la puerta se abre de golpe. Y una voz chillona se escucha – Mierda – escucho al señor Entrecanales gritar. Pero ya estoy en el piso. Me he golpeado la cabeza. Muy fuerte. Escucho la misma vos chillona decir que lo siente. Y al señor Entrecanales soltar unos insultos. Me levanto poco a poco. Y sigo en el cuadro abrazado a mí, pero esta hecho pedazos. Mierda. Ya valí. Adiós a mi trabajo. La puerta se vuelve a abrir y se cierra muy rápido. La cabeza me duele horrible. Pero no sé cómo reaccionara al ver que he roto el cuadro. Me levanto con cuidado. No espero a que se ofrezca a ayudarme. Y los vidrios caen a pedazos de mis manos al piso. Miro al piso y levanto la vista poco a poco. El señor Entrecanales medio sentado encima de su escritorio con los brazos cruzados. Solo mirando. En su cara no hay rastro de emoción alguna. Nada solo me mira. Con sus intensos ojos verdes. Que cada vez que me miran. Me dan miedo. Su mirada es fría. Cruel. Tan áspera. Una mirada no puede ser todo eso. Pero la de él lo es. Quiero pedir disculpas. Pero dijo que eso lo irrita – voy a limpiar esto. Ya regreso – no mejor déjelo Así. No queremos que haga más desastre – llamare para que venga a limpiarlo – Camine a toda prisa. A mi pequeña cueva. Llorando otra vez. Tomo el teléfono para llamar. Lo hago y al colgar noto que está lleno de sangre. Sigo la sangre y tengo toda la mano llena de sangre. Y el brazo también. Miro y me he cortado la muñeca derecha. El aire me falta. La sangre y yo no nos llevamos muy bien. Tomo mis cosas. Yo puedo llegar a casa. Yo puedo. Me repito una y otra vez. Uso mi chaqueta para limpiar la sangre. No hay vidrios. Solo me corte. Limpio también mis lágrimas. Y la puerta se abre de golpe. Me sobresalto al sentir la intromisión – Está usted bien – pregunta el señor Entrecanales. Su respiración es agitada. Y parece que está asustado – Vi sangre afuera – camina hacia a mi rápidamente. Bueno dos pasos de él son diez míos – Estoy bien – le digo. Escondiendo el brazo detrás de mí. Me mira con el ceño fruncido – Muéstreme por favor – me pide. Ha notado que he escondido el brazo – Ya le dije que estoy bien – estoy llorando como una niña – está llena de sangre. Es imposible que este bien – ¿Llena de sangre? Miro hacia mi camisa. Y esta toda manchada de sangre. Y de seguro mi cara también. Me he limpiado la cara con las manos llenas de sangre. Soy un completo desastre. Saco la mano con cuidado y se la muestro. Al mirarme sus ojos se abren como platos – espere aquí por favor. No se mueva – su vos suena a arrepentimiento. Sale de la oficina y deja la puerta abierta. Me siento en el mueble y dejo las manos sobre mis rodillas. Los sollozos son fuertes. Me duele la cabeza. Estar llena de sangre me aterra. Y para mi peor suerte hoy ha sido el peor día de mi vida. Levanto la vista. Al sentir que el señor Entrecanales ya ha llegado. Viene con un botiquín de primeros auxilios. Se sienta a mi lado y yo me alejo. Para darle espacio. Pero el también se acerca más a mi – Su mano por favor – la extiendo hasta él. Cuando su mano toca la mia. Una corriente recorre todo mi cuerpo. El señor Entrecanales se remueve en su lugar y aclara su garganta. Abre el botiquín de primeros auxilios. Saca algodón y alcohol. Moja el algodón con alcohol. Y lo coloca con cuidado en la herida. Me sobresalto. Arde – necesito limpiar la herida. Por favor quédese quieta – se oye molesto. Pero también culpable. Asiento. Y con mucho cuidado. Limpia mi brazo. Y la mano. Saca la gaza y delicadamente envuelve mi herida – ya está – dice guardando las cosas en el botiquín. Su mano se posa nuevamente en mi brazo. Y con mucha delicadeza. Puede que inconscientemente. Lo acaricia. Cierro mis ojos al sentir su tacto. Su mano baja hasta la palma de mi mano. Y sus dedos acarician muy suavemente esa parte de mí. Un gemido se me escapa. Y lo ahogo. Qué diablos ha sido eso. Estoy muerta de la vergüenza. Abro mis ojos y agacho la cabeza. Siento su mano en mi mejilla. Acariciándola y levantando mi rostro. Cierro mis ojos. Puede que este soñando esto. Siento como mi piel se eriza. Y mis piernas tiemblan. Esta limpiando mis lágrimas. Abro los ojos quiero saber que esto es verdad. Y al mirarlo a los ojos. Quedo hipnotizada. Sus ojos brillan y su mirada me está devorando. Su pulgar pasa por mis labios. Recorriéndolos de esquina a esquina. Mi respiración me está fallando. Y quiero que me bese. Quiero que lo haga. No tengo miedo. El es un hombre y no le tengo miedo. Se detiene. Quita su mano rápidamente. Y veo en sus ojos arrepentimiento. Noto que esta incómodo. Como no estarlo. De seguro me ha mirado bien. Y ha notado lo horrible que soy – La llevare a su casa – dice sin mirarme – no. Yo puedo irme. Muchas gracias por todo señor – quiero evitarle la molestia de tener que estar otro rato más conmigo – no. Yo la llevare – Ya le dije que puedo irme sola – me levanto me pongo la chaqueta no quiero que la gente piense que he matado a alguien. Tomo mi bolso y camino a la puerta. Oigo que susurra algo. Pero no logro entender que es. Al llegar a casa. Beca aun no ha llegado. Me encierro en mi cuarto. Me meto a la cama sin cambiarme. Tomo una almohada y la abrazo. Y me echo a llorar. Toda la noche. Por lo miserable que puede resultar mi vida a veces. Y llorando me quedo dormida. Sueño con sus dedos en mis labios. Su mano en mi mejilla. Y sus velantes ojos verdes. Al día siguiente no lo vi. Y mi añoranza de que comiencen las clases se hace más fuerte cada día.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD