La noche había arribado, tiñiendo en oscuridad el cielo italiano. Los invitados habían llegado puntuales como siempre, y allí se encontraba Ian para recibirles junto a ambos de sus hermanos, predispuestos a ayudarle aunque no supieran a ciencia cierta sobre sus intenciones. Ian recibió a todos los invitados con una sonrisa de oreja a oreja y un porte de completa elegancia. Era gente que conocía desde que tenía memoria, sin embargo, quería que se sintieran recibidos de la misma forma que los había hecho sentir su padre estando en vida. Además, muchos de los allí presentes eran gente con la que su padre tenía tratos de no sólo muchísimo dinero en juego, sino también intereses mutuos que no estaba dispuesto a perder. Una vez que todos habían arribado a la mansión, las puertas se cerraron

