Capítulo 14.

1450 Words
¿Hasta cuándo podré soportar? ¿Cuándo más debo aguantar? No voy a mentir, vivir en un lugar así era mi sueño más ambicioso, alcanzar el éxito y gritar a todos que había logrado superarlo…que me superé a mí misma, construir mi propio imperio, ser el orgullo de mi madre por una vez, pero ahora es distinto, está “victoria” se percibe agria, me siento en una burbuja, mi vida depende de su conveniencia ¿Por cuánto tiempo le seré útil? ¿Hasta cuándo va a utilizarme? Es inquietante sentir que mi vida no me pertenece, esta pausa tan frágil ¿Qué le impide destruirme? Nada, eso es lo que más me aterra, algo me dice que esto es más que una deuda. —Señorita, no esté triste, le he traído un té de manzanilla ayuda con los nervios—Cecilia se acerca a donde estoy sentada, por primera vez visito el jardín de la gran mansión, en la colina empotrados escalones de piedra bajan hasta dar con el valle, lleno de robles blancos y cerezos de Virginia, majestuoso, vine aquí luego de firmar el acuerdo, Cecilia me trajo jalándome del brazo cuando se dio cuenta que mi nerviosismo no estaba cediendo, necesito algo de aire fresco sentada en las sillas de la sala exterior el aire limpio de la naturaleza me tranquiliza. —¿Por qué es tan injusto? Él me obligó a venir aquí, yo no quiero esto—Me quejo cubriéndome la cara con ambas manos, quiero que todo esto sea una pesadilla, volver a mi vida ordinaria, olvidarme que esto alguna vez ocurrió. —¿Por qué no habla con el Sr. Caín? Pídale ver a su hermano quizás así pueda sentirse mejor—Me sugiere dejando la taza de té humeante sobre la mesa, resoplo, apartando las manos de mi cara para verla a los ojos, torciendo los labios. —¿Hablar con él? Lo he intentado y siempre dice que no—Contradigo negando con la cabeza, no planeo seguir humillándome. —¿Se dará por vencida tan pronto? —Cuestiona con una ceja arqueada, siento ese desagradable hormigueo en la garganta, no tiene derecho a juzgarme, sobre todo cuando ella es quien me vigila. —¿Y qué opción tengo? ¿Huir? Ya lo intenté y fallé—Reniego dejando caer mis manos sobre el sofá, estoy harta de este interrogatorio, me ha quedado lo suficientemente claro que estoy atrapada. —No huya, sea sincera con el Sr. Caín dígale que está preocupada por su hermano—Sugiere sin apartar sus ojos de los míos, mi estomago se revuelve al intentar reírme, que mal chiste, se supone que debo mostrarme vulnerable ante Caín, el tipo que disfruta hundirme. —No voy a rogarle, no caeré tan bajo—Aclaro cruzando los brazos sobre mi pecho. —Las cosas no son como antes, ahora es la prometida del Sr. Caín—Afirma asintiendo un par de veces, junto las cejas, confundida, no veo su punto. —Eso es solo un papel—Le resto importancia, masajeando mi cien, agotada. —Utilícelo a su favor, no podrá ignorarla esta vez—Aconseja, desvío la mirada, pensando lo que dijo, creo que está dejándose llevar demasiado, yo no significo nada para él, no tiene por qué cumplir mis peticiones y lo ha dejado claro, pero no podré dormir si no lo intento, mi madre no me lo perdonaría. Temo arrepentirme, pero no tengo de otra, el tiempo pasa de cualquier forma, me pongo de pie soltando un largo suspiro, me aseguro que mi ropa esté libre de arrugas estirándola con mis manos, camino de vuelta a la mansión pasando las puertas corredizas, camino por el corredor con el único sonido de mis tacones resonando en el mármol, me detengo en el recibidor cuando los gorilas de la entrada me dan un rápido vistazo sé dónde voy a encontrarlo, camino al despacho, me detengo frente a la gran puerta de madera jugueteando con mis dedos, tomo una profunda respiración toco la puerta y entro sin esperar una respuesta, no soporto ser ignorada. —Necesito hablar contigo—Anuncio plantándome en medio del despacho mirando directo a sus ojos avellana, ese brillo siniestro en sus ojos hace que mi corazón retumbe en mis oídos con fuerza, debo mantener mis piernas firmes para no tambalearme por los nervios mientras el sentado en su escritorio entrecierra los ojos sobre mi torciendo una sonrisa perversa, desvió la mirada al sofá individual cuando escucho que alguien se aclara la garganta, Andrew está ahí, sostiene su barbilla con su mano derecha, por alguna razón sonríe ampliamente al verme. —¿Ahora irrumpes en mi despacho? —Pregunta en un tono reprobatorio entrelazando sus dedos sobre el escritorio, intimidante, ahora soy yo quien irrumpe, que cínico, ruedo los ojos, impaciente. —A solas—Exijo señalando a Andrew con la mirada, no soporto su presencia. —Andrew, retírate—Ordena en un tono cortante, su orden hace que mi pecho se agrande, estoy sorprendida, no creí que lo echaría por mí, Andrew se levanta del sofá acomodando su camisa de hilo, con una expresión neutral, ya se lo esperaba supongo. —Suerte, carnada—Susurra con una diminuta sonrisa cuando pasa junto a mí, me giro confundida juntando las cejas cuando su figura se pierde tras la puerta, sin dame tiempo a cuestionar. ¿Carnada? —Veo que ya te encuentras mejor—Caín llama mi atención de vuelta, esa inquietud en mi pecho pasa a segundo plano cuando veo su rostro de nuevo, demasiado cerca, se ha levando de su escritorio para venir hacia mí con las manos en los bolsillos de su traje, no caeré en las provocaciones, doy un paso hacia atrás, con la respiración entrecortada, manteniendo una distancia prudente. —Quiero ver a Austin—Exijo sin rodeos levantando la barbilla, en un intento por lucir impotente pero su altura y esculpida musculatura son superiores a mi figura entallada, luzco tan frágil ante él. —Estoy seguro que sí, Cloe—Responde levantado la cejas, soltando un largo suspiro, su indiferencia me hace hervir la sangre, ignoro mis instintos y doy un paso hacia él con las manos en puños. —Ya firme, tengo derecho a verlo—Digo entre dientes, desesperada por obtener una respuesta, el vello de mi nuca se eriza al ver en sus labios una sonrisa traviesa. —Lo harás, pero antes… ¿Es tan difícil para ti ser cariñosa? —No tengo tiempo de procesar sus palabras cuando da un paso al frente acortando la distancia entre nosotros retrocedo, alarmada, chocando con uno de los sillones me giro para ver y cuando vuelvo mi rostro él esta justo frente a mí, su rostro tan cerca que puedo percibir el aroma de su perfume. —Basta…—Consigo decir en un susurro que dudo pudiera oír cuando su mano acaricia mi mejilla, jadeo, sus manos son fuego sobre mi piel, cuando bajan por mis hombros entrelazando nuestros dedos el calor sube hasta mis mejillas ruborizándome. —¿En serio te desagrado? —Pregunta sobre mis labios, siento que el tiempo se detiene cuando mis ojos bajan a su boca, estoy ardiendo, mi corazón cabalga como loco en mi pecho, quiero apartarlo, pero cuando mis manos reaccionan me empuja sobre el sofá cayendo encima de mí llevando mis manos por encima de mi cabeza las junta con una de sus manos. —¿Estás loco? —Chillo removiéndome. —¿Debo estarlo para admirar tú rostro? —Su pregunta me descoloca, todo su ser me confunde, esta cercanía nubla mi razón, cuando su nariz rosa mi cuello, tiemblo sin querer, cuando su rodilla acaricia mi pierna derecha—Pídeme lo que quieras. —Aléjate —susurro con la voz en un hilo. —¿Ah? —Cuando levanta la cara su sonrisa decae, mis manos sudan, mi respiración es pesada, yo no quiero esto, no lo deseo—No te asustes. —¡Quítate, Caín! —Grito tan fuerte que siento sus músculos tensarse de la impresión, acto seguido libera mis manos se apoya sobre sus rodillas y se pone de pie, libre me siento en el sofá rápidamente, tomo el borde del enterizo llevándolo hasta mis rodillas como si eso borrara la sensación sobre mi piel. —Cloe…—Comienza a decir con cautela, pero no le permito terminar. —¡Solo llévame con Austin! —Grito sobresaltándolo, sin decir nada más sale del despacho disparado, sola me cubro la cara con ambas manos, ¿Qué fue eso? Mi corazón retumba en mis oídos con fuerza, inquietándome ¿Por qué me siento así con él?
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD