El cementerio de Blackwood Falls estaba sumido en un infierno. El incendio forestal provocado por la explosión de Marcus teñía el cielo de un naranja apocalíptico, y las cápsulas de asalto de los Segadores de la Orden descendían como meteoros carmesí sobre el pueblo. Pero para Sara, el mundo se había reducido a un solo punto: la figura que se alzaba ante ella. Era su propio rostro. Sus mismos ojos, su misma estructura ósea, pero desprovista de toda humanidad. La joven, vestida con un traje táctico n***o reforzado con fibra de carbono, sostenía una espada de plasma azul que siseaba al contacto con el aire gélido. —Elena siempre dijo que eras la "versión defectuosa", Sara —dijo la gemela, su voz una réplica perfecta de la de Sara, pero con una cadencia mecánica, vacía de emoción—. Demasiad

