La figura frente a Sara no era un espejismo. Era una manifestación física de toda la energía Siphoner que ella había expulsado de su cuerpo durante el Protocolo Omega. Esta "Sombra de Sara" vestía una armadura de escamas de obsidiana que latía con una luz azul eléctrica, y sus ojos eran dos pozos de un poder absoluto, desprovistos de la fatiga o la compasión que ahora marcaban el rostro de la verdadera Sara. —¿Quién eres? —preguntó Sara, retrocediendo mientras sus botas se hundían en la arena mojada. —Soy lo que elegiste tirar a la basura —respondió la Sombra, su voz era una armonía perfecta y aterradora—. Soy la reina que este mundo necesitaba. Soy la potencia sin la carga de la debilidad humana. Mientras tú llorabas por un lobo moribundo, yo me gestaba en la red de datos de la Orden.

