CAPÍTULO 1

1260 Words
El golpeteo incesante de la puerta era abrumador y optando por tantear una de las almohadas cubrí mi cabeza con ella considerando que quizá, si no daba señales de vida me dejarían continuar con el deleitante y placentero sueño que la película de la noche anterior proporcionaba. Bendito dominante y virgen santísima... —¡Victoria!— Logré escuchar de manera lejana, —¡Vicky sé que estás ahí!, ¡ábreme la jodida puerta! o la derribaré con una patada de kung fu. Ese estruendoso, chirriante y amenazador timbre de voz tan familiar me hizo abrir completamente los ojos y aunque estaba dispuesta a levantarme con el peor de mis humores, la fatalidad andante se me adelantó de un momento a otro sentándose a horcajadas mía. Fruncí el ceño, rodé los ojos y desee darme un tiro. Detestaba despertar de semejante forma. —¿Es que acaso no puedes pedir permiso antes de entrar Emma?.— Pregunté irónicamente a mi mejor amiga, una que haciendo caso omiso de las palabras comenzó con el habitual parloteo que tanto la caracterizaba. —¡¡Marian me dio total y absoluto pase libre de subir a despertar a la bella durmiente que piensa que porque terminamos la universidad, puede dedicarse de lleno a la vagancia!! —Realmente esto es increíble mi amiga y mi propia madre se complotan para hacer de mis vacaciones un calvario, ¿verdad?— Observándola de forma incriminatoria, comencé a mover las sábanas cuál tsunami destructor con intención en primer lugar de retirar el peso extra que tenía encima llamada Emma, y segundo de levantarme e ir a tomar una ducha. —Victoria sin dudas eres la reina del drama, ¡¡levanta ese envidiable culo!!, necesito pedirte un favor enorme, gigante.— Gruñó dirigiéndome una mirada cargada de dulzura que me resultó empalagosa y al mismo tiempo haciendo ademanes típicos de una excelente actriz de Broadway. Si no la conociese a la perfección apostaría a que su carácter se asemejaba sino al más inocente y adorable de todos, pero no en vano éramos amigas desde que tenía uso de razón y entendía sobradamente que deseaba pedirme un favor del que le constaba, sería difícil ceder. —¡¡Emma!!— Advertí, —Nada bueno vas a pedirme, ¿verdad?, así que hazme el favor de quitar esa cara de gatito inocente que traes, conozco tus artimañas mujercita. Tomando unas toallas del armario voltee a verla, instándole a que continuase —Adelante Emms soy toda oídos. Soltando una risita nerviosa y con esa vocecita cantarina tan suya y peculiar comenzó a contarme acerca de un evento nocturno al cuál necesitaba... No, me rogaba que la acompañase. Parándome en el medio de la habitación, le miré silenciosamente. Mi vida era una literal porquería, y ella lo entendía mejor que nadie. Siendo sobradamente mayor de edad, el libre albedrío no aplicaba respecto a mi persona... No cuando vivía bajo unas estrictas normas clasistas impuestas por una familia de la alta élite y también... Un progenitor un tanto maniático al ejercer el control total sobre lo que refería a la única heredera que tenía. Cuando tu padre resultaba ser el magnate petrolero más importante de todo Estados Unidos ningún tipo de libertinaje, diversión o conducta rebelde, era aceptable. Desde mi nacimiento me habían mantenido prácticamente como si fuese una muñeca de porcelana en una caja de cristal, un trofeo de aparador... No tuve una infancia por así llamarle normal, menos una adolescencia. Se me educó con mano firme... Estricta, proviéndome de las mejores escolaridades y varios, muchísimos estudios para complementar un formato de señorita recatada y en extremo culta. Así conforme fui creciendo, la rutina cotidiana se redujo a libros, y días encerrada en el ostentoso castillo de cristal., ni mencionar codearme con personas de mi edad o simplemente llegar a considerar la idea de probar un poco de eso que todo mundo llamaba rebeldía adolescente. Todo resultaba una constante de suplicio, de intentar cumplir las metas y exigencias impuestas por ambos progenitores... Algo que en sí evidenciaba la más ardua y estresante de las tareas posibles... Puesto que jamás nunca, haciendo todo en mi alcance por satisfacer el ego paterno, podría vislumbrarse a mi progenitor espetando un simple sentirse orgulloso de su única hija. Ahora... Que ya era una señorita graduada de la universidad, envidiable licenciada de finanzas, menos que menos podía hacer de mi vida un desmadre. Mark, el increíblemente sobre protector y exigente padre tenía inconmensurables e infinitas esperanzas de vislumbrarme como el ejemplo familiar. Ni mencionar a Nicolás su joven asociado, a Anderson se le ha metido la idea desde hace varios años, de emparejarnos. Organizaba cenas en las cuales él resultaba invitado como un m*****o más de la familia, jugaban juntos al golf y para colmo me ha apoyado, por no decir obligado a que aceptase cada una de sus invitaciones a dónde sea con el simple pretexto de "conocernos". Sujeto que por cierto... Odio. No renegaba de que era un hombre de ideales claros y ambicioso, sin embargo la idea de salir y formalizar por el mero hecho de la imposición y el sentido del deber, en mí no resultaba en absoluto atractivo. Sumergida en un letargo de pensamientos, el toque afable de mi compinche en la mano me devolvió instantáneamente a la realidad. —Vic, entiendo la posición en la que encuentras y no deseo ponerte entre la espada y la pared, pero de verdad , de verdad, necesito que me acompañes.— Gimoteó haciendo pucheros. —Emms, no quiero berrinches del dictador y menos del cerdo de Nicolás. Hacía cuestión de seis meses que por arte y gracia del señor estábamos en una relación y convengamos, era un tanto reticente a la idea de las salidas nocturnas si no las realizaba en su compañía. Enfoqué la atención en mi amiga, que sentada desde la cama me observaba alzando una ceja. —Vicky, déjame decirte que ese idiota no me cae para nada bien, es un gran imbécil, y que tu padre le haya tomado de perro faldero no quiere decir que puede decidir lo que vas a hacer de tu vida. Parpadee un par de veces considerando los pro y contra. Mi carácter naturalmente libre e independiente rogaba por salir de la cárcel de cristal y no me gustaba en lo absoluto rotularme como una pobre niña rica y doblegada. Así que mirando el reflejo en el espejo, esbocé una sonrisa y asentí con convicción —Emms iremos, te concederé la petición y más te vale darme una convincente excusa de por qué debo acompañarte. Casi pude visualizar la sonrisa plasmada en su rostro cuando le escuché aseverar —Claro que sí Reina Victoria volveré en la noche, si me disculpas el centro comercial está solicitando mi atención y el motivo es una salida nocturna de cachengue y salseo. Aunque antes de marcharse entornó la puerta del baño permitiéndome vislumbrar una alborotada melena rubia —Y déjame agregar que si llego y no te encuentro lista, patearé tu trasero tan fuerte que no podrás sentarte por una semana. Su comentario entre amenazador y divertido hizo que estallara en suaves risadas, afirmando y dándole la palabra de que así sería, Emma desapareció de la habitación. Realmente amaba a la blonda, aunque en contadas ocasiones, esas en las que quería que la tierra me tragase, o cuando se comportaba como una niña malcriada y caprichosa, despertaba mi instinto asesino, tenía más que claro que la vida sin ella sería no sólo un calvario... Sino una literal mierda.
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