VICTORIA —¿Puedo tomarles el pedido jóvenes?— Cuestionó el dependiente reparando la atención en ambos. Dominic se me adelantó y con su habitual cordialidad mezclada con el matiz sensual que hacía feliz a mis oídos encargó nuestro ya almuerzo. —Sí e-este,— mostrándose anodino, perplejo y confuso ante la variedad de hamburguesas giró en mi dirección en un gesto totalmente divertido, —¡¡Victoria por favor ayúdame!!, siento que voy a terminar encargando un café n***o y papas fritas si no me socorres. Reí por lo bajo y accedí a la cruel y difícil decisión. —Deseamos dos hamburguesas dobles, dos bebidas cola y papas fritas agrandadas con queso y panceta ambas.— Recité sintiéndome en la gloria misma ante la cantidad de comida maravillosamente repleta de carbohidratos que en breves instant

