Al llegar al reino, un par de guardias ayudaron a Ailén a descender del dragón. Yo intente hacerlo por mi cuenta, pero al caer al piso mis rodillas perdieron la poca fuerza que tenia haciendo que me precipitara al suelo, para mi fortuna Likantor y otro de mis guardias ya se encontraban listos para sujetarme y evitar que cayera completamente, me tomaron por ambos brazos y me ayudaron a restarme en la camilla que ya estaba esperando por mí. El esfuerzo que había hecho por salir a defender a mi prometida, ahora mismo estaba cobrando su precio. Me sentía completamente exhausto, sin fuerzas y sin la capacidad de poder mantenerme por mucho tiempo despierto. Me resultaba tan molesto tener que ser transportado en una camilla a mi palacio, no quería demostrar debilidad ante mi gente, que clase de

