El rey Ezra dirigió su mirada hacia su hija a la espera de una respuesta, ella se limitó a bajar la mirada mientras se mordía el labio, señal inequívoca que no deseaba delatarse a sí misma. Al ver la falta de respuesta, su padre dirigió su mirada a mi nuevamente y dijo: - Siéntete en completa libertad de detallar cada palabra en esa conversación, ya que mi hija se niega a hacerlo por sí misma – - Lo siento majestad, me temo que no puedo hacerlo, aun cuando mi honor este de por medio. Lo único que me corresponde a mi decir es que jamás hubiese usado palabras tan duras de no haberlas necesitado necesarias, entenderá que Ailén ahora es mi prometida y como tal es mi obligación proteger su honor. Sin embargo, si ustedes consideran que s0n necesarias las disculpas, han de saber que c

