Leah.
"Nada es peor, que dejar que el pasado vuelva y cause estragos en tu presente"
Mi mente no para de divagar, mientras mis ojos no dejan de mirar el techo de mí habitación, el insomnio que traigo hace días hace acto de presencia y ni los analgésico que tomé me han podido ayudar a conciliar el sueño.
Lo único diferente es el protagonista de mis pensamientos, mí mente no deja de trabajar y estar atenta al más mínimo ruido.
Cómo quisiera que siguiera siendo Ashton, el motivo de mis desvelos.
La lluvia azota las ventanas y eso hace más escalofriante el panorama, tengo más miedo que sangre y no puedo dejar de pensar en que fue lo que pasó.
¿ Porque ese tipo quiso matarme? Soy una persona importante en el ámbito laboral, pero efectivamente este hombre no venía a robar. No tocó nada, y eso que cruso juzto al lado de la cómoda.
En mí habitación hay un cofre que guarda todas mis prendas, y está a la vista, era tan fácil como tomarlo y largarse.
Pero no, el vino a matarme.
El solo hecho de pensarlo pone mis pelos de puntas. No creo que haya entrado al saber que vivimos mujeres solas aquí, y tampoco tuvo la intención de violarme, estaba desnuda y mí fuerza no se media con la suya, si hubiese querido abusar de mí, lo hubiese hecho.
No quiero ni pensar en eso, giro en la cama y el saber que Ashton está a dos puerta de aquí me tranquiliza un poco, me sienta mal saber que salió herido por defenderme.
Me pongo de pie con la firme idea de ir a ver si no tiene fiebre o si despertó y necesita algo, me fijo en la hora y veo que faltan veinte minutos para las tres de la mañana, camino al baño en busca del botiquín par a tomar algunos analgésicos.
Miro a ambos lados cuando salgo al pasillo, y si pensar, me encamino casi corriendo al cuarto de Elena, lo alojé ahí por mayor comodidad.
Me adentro en la estancia con sigilo, no quiero espantar su sueño, me acerco sin hacer el más mínimo ruido y palpo su frente en busca de alguna señal de alarma, pero está normal.
Dejo dos pastillas en un pañuelo encima de la mesita y me encamino a la puerta, un trueno retumba haciéndome dar un respingo, miro a la cama y veo a Ashton girarse un poco, pero no sé despierta.
Asomo la cabeza al pasillo y la oscuridad me hace devolverme adentro, nosé porque veo el pasillo tan largo y oscuro, pero de pronto la idea de averiguar si puedo conciliar el sueño estando acompañada, me llega como un rayo.
Pienso en los pros y los contras de mí brillante idea y la verdad es...
Al diablo.
Estuve a punto de morir, no puedo dormir y tengo un papucho el cual duerme como una roca y no se dará cuenta que me estoy robando un poco de su calor corporal.
Camino los pasos que me separan de la cama y me acomodo sigilosamente a su lado, me pegó a su espalda y enredos nuestras piernas, cierro los ojos pensando en lo bien que encajamos y en como hubiese sido nuestras vidas si él no se hubiese largado.
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Mí plan es despertar antes que él y largarme a mí habitación, pero hacía días que no dormía tan cómoda y castigaré a mí cuerpo con dos kilos extras por traicionarme de semejante manera .
Tengo el plan perfecto.
-¡No puede ser!- la voz de Elena me hace pegar un brinco en la cama, despertando al ojiazul en el acto - Dios, al fin oíste mis plegarias, sabía que entraría en razón. Hola Ashton, gustó en verte-
- También es un gusto saludarte Elena- contesta el sin ningún atisbo de vergüenza.
-No es lo que parece, yo solo lo estaba cuidando por si le daba fiebre- me pongo aun más roja al caer en cuenta de que he dado la excusa más ridícula del mundo, pero mí vergüenza se vuelve enojo al ver al ojiazul mirándome con una sonrrisa burlona.
Me levanto de la cama y salgo corriendo a mí habitación con Elena pegada a la espalda, este día no podría ir a peor.
-Leah, dónde estás amor- mí amiga y yo nos giramos al mismo tiempo, y mí pensamiento de que esto no podía empeorar se va por un caño cuando veo a Tonny subiendo las escaleras.
Ashton.
Todos se sorprenden al verme llegar a casa, desde ayer no me reportaba y por el revuelo que veo en todas partes me doy cuenta que tenían el estado de emergencia activado. Todo mundo baja la guardia al verme entrar caminando derecho y sin ningún daño visible.
Hice mal al no ponerme en contacto con mí gente, soy su apoyo y cabeza.
Aveces siento que si un día decidiera retirarme, todo esto se iría al caño.
Veo a Natasha al pie de la escalera y mí genio termina de empeorar, no estoy para reclamos, así que cuando su cara de preocupación se transforma en ira, procuro desviarme a la cocina a buscar algo de comer.
Salí apresurado de casa de Leah al ver llegar al petardo de su novio, no tolero ese sujeto, tiene un nosé qué.
Desde que lo veo solo quiero partirle la cara, aparte no quería abusar de la hospitalidad de mí pequeña causándole problemas con el pedante.
Por un momento pensé en salir al escuchar su voz, pero preferí esperar que entraran a su habitación y salí como todo un ladrón.
Tomo asiento en uno de los bancos altos del desayunador, sintiendome feliz al ver el platos waffles que ponen frente a mí.
Es todo lo que necesito ahora, comer y dejar de pensar en Leah. Algo me dice que no puedo apresurar las cosas, que lo tomé con calma y la deje fluir.
Pero han sido diez largos años mirándola de lejos, viendola convertirse en una mujer hermosa.
Pero el hecho de que sea una mujer no me hace feliz, necesito que sea mí mujer y el que haya ido a mí habitación anoche, el sentir su calor y darme cuenta de que la sigo atrayendo tanto como ella me atrae a mí.
No hace más que recalcar que solo he estado perdiendo el tiempo.
- Dime dónde estabas, y quiero saber la verdad- la voz de Natasha, hace que se me quite el hambre de golpe, si hay algo que odio de ella son sus delirios de niña mimada.
- No tengo que darte explicaciones- me fijo en sus ojos hinchados, señal de una noche en vela.
- Duro meses fuera de casa, dándote el espacio que siempre me pides, aún vengo aquí y no ando tras de ti para nada y tu nisiquiera puedes hacer el esfuerzo de estar aquí y dejar a tus putas a un lado. Siquiera porque solo duro una semana aquí , no respetas ni el hecho de que sea la madre de tu hija-
- Tu fuiste quien quisiste casarte conmigo, nunca dije que quería este estupido matrimonio sin sentido- pienso en decirle desde ahora lo del divorcio, pero con su familia jodiendo en el país, lo mejor es llevar ese tema con calma.
- ¿Sabes? Vi a tu zorra en la discoteca-
Sonríe pasando una uña por mí mandíbula, la veo convertirse en la sádica mujer que no le importa masacrar a sus enemigos - Estabas tan embelesado que nisiquiera viste que yo estaba mirando, puedo apostar que estabas con ella. Pero tranquilo, puedo encargarme del problema-
La tomo del brazo y la estallo de golpe en la esquina, sostengo su cara contra la pared y me acerco a su oído para que escuche bien lo que le diré.
- Tocas a Leah y te puedo apostar que no vivirás para contarlo, y créeme que te sacaré los ojos antes de matarte-
- mmmmm me gusta duro y contra el muro-
-No estoy jugando contigo Natty, la tocas y firmas tu sentencia-
- No es justo que pongas a esa perra por encima de mí, soy tu esposa-
- Bueno, por ende mandaré hacer una pistola en oro y le grabaré tu nombre a la bala que te reventara el craneo- me doy la vuelta y me encamino a la puerta.
-*посмотрим- la escucho susurrar, pero no alcanzo a escuchar lo que dice, así que sigo con mí camino.
Lo primero que tengo que hacer es sacar a Natasha del juego.
*посмотрим - ya veremos.
Chicas, aquí nuevo capitulo y espero que les guste. Sigo aíslada , pero mí novio me deja coger el teléfono a escondidas, así que no me da tiempo de editar demasiado, espero disfruten el capítulo y recuerden que las amo.