Narra Ashton.
-Jefe- Escucho la lejana, aunque aún así molesta voz de André, uno de mis escoltas, el más cercano podría decir.
-Jefe - tomo la pistola y apunto en su dirección.
- ya te oí, imbécil- me siento en la cama y siento el mundo girar, la cantidad de alcohol que metí anoche en mí sistema, me tiene con una resaca monumental.
Mí seguridad empieza a hablar sin parar de problemas y contratiempos, haciendo que mí cabeza duela el doble.
-Sabes André- llevo una mano a mí sien derecha, para amortiguar el maltilleo de mí cráneo - Estoy con resaca y de muy mal humor, me parece que si le pegó un tiró a alguien, aquí y ahora, puede que mí estado de ánimo mejore. ¿ Tú que opinas?- lo veo palidecer, para luego esfumarse de la puerta, por fin.
Llamo a Gema, la nueva chica del servicio, le pido dos aspirinas y me recuesto una hora más .
Me despierto con mejor semblante y me dispongo a empezar mí día, escojo un traje hecho a la medida de tres piezas y me meto a la ducha.
Al cabo de media hora me encuentro listo para la reunión que se realizará en mí casa, los rusos me tienen arto, me están jodiendo a un nivel que no tardará en sacarme de mis casillas, la paciencia no es mí mayor virtud.
Contraje un matrimonio forzado solo para mantener la paz. Si no fuera por esa alianza, hace tiempo que se hubiese desatado una guerra.
Los rusos son despiadados, para ellos la vida humana es nada. Pero en mí territorio se respetan las reglas, aquí no muere nadie inocente, sea hombre, niño o mujer.
Por eso he tratado de evitar conflictos, pero sus exigencias cada vez crecen más, me parece que se han percatado de mí miedo, y creen que pueden manipularme a su antojo.
Ya es tiempo de poner la basura en su lugar.
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Hola chicas, como les comuniqué en un anuncio, estoy con el covid-19 y me encuentro aislada en mí habitación, espero que disfruten el capítulo ya que me esforce muchísimo para poder hacerlo, estoy que no puedo ni sostener el móvil.
Demen mucho amor, que se los dejé largo he. Y porfavor cuídense, esto no es fácil.