Leah. Nuestra tarde de sábado se resume en eso, sexo, sexo y más sexo; una de las chicas de servicio me sube un vestido suerto y floreado que solo cubre lo necesario. Salgo de la habitación pasada las seis de la tarde solo para cenar con Elena, quién también acaba de despertar. Mí amiga nota la tensión que hay entre Ashton y yo, la tonta no deja de hacerme señas obscenas durante toda la noche. - Ashton, agradezco todo lo que haz hecho por nosotras. - mí amiga habla llamando la atención del ojiazul quien no me quita la mirada de encima- pero quisiera abusar un poco más de tu hospitalidad- - No hay de que, todo lo que tenga que ver con Leah es de mí incumbencia - lo miro y sonrío, pero cambio el gesto al caer en cuenta de un detalle que había olvidado por completo. ¡La maldita rubia d

