"Jefe, nos encargamos de aquí", dice Paulo con excesiva alegría. "Puede dejarla con nosotros. Nosotros nos encargaremos de que la joven se instale". Los demás asienten en señal de acuerdo. Entrecierro la mirada. "Vete a casa." —Vamos, señor. Hace como cuatro años que no vemos a su hija. "Sí, ha pasado mucho tiempo", añade otro. A Katie se le escapa una risita y la miro con enojo. El rubor que le sube a las mejillas me dice que disfruta de la atención. Yo no. "Está bien que me enseñen", dice con dulzura. Al instante, todos se giran hacia ella. "Por separado, claro". Se acomoda el pelo detrás de la oreja y baja la mirada. "Eso no va a pasar", digo rotundamente. "Ya es tarde y necesito privacidad con mi hija". Sus ojos se abren, pero ella permanece en silencio. Tras unos cuantos gruñ

