Me pregunté qué tan fácil le sería verme desde aquí. Mis ojos siguieron la línea de nuestra cerca hasta el gran arbusto detrás del cual me había escondido, e intenté imaginar lo fácil que sería distinguir una figura en la oscuridad. «¡Qué vistas tan estupendas, ¿eh?!», la oí decir, y su voz me sobresaltó. Descalza, había vuelto a entrar en silencio y me miraba fijamente mientras yo giraba, con una expresión neutra en el rostro. "Sí, una vista preciosa, de verdad que tienes un jardín estupendo, deberíamos pedirte algunos consejos", dije, comparando su jardín con nuestro sencillo rectángulo verde de césped, con solo unos pocos arbustos y árboles que habíamos heredado apiñados a lo largo de la valla y en la esquina inferior. "Claro, estas grandes puertas de cristal a veces me dan un poco d

