"Vamos, para", se queja, intentando aún zafarse, y hacemos un breve baile, pero descubro que puedo sujetar ambas muñecas delgadas con una mano y no puedo reprimir un pequeño gruñido de victoria mientras estiro la seda y la ato con un nudo pulcro, como la he visto hacer tantas veces. —John, deja de hacer el tonto, sabes que esto no es propio de ti —dice mientras la giro para que me mire, pero por primera vez puedo ver la duda nublando sus ojos grises mientras me arrodillo brevemente frente a ella, le bajo las bragas por sus largas piernas y las tiro a un lado. Ella observa cómo acerco el espejo independiente a la cama y se resiste cuando la tiro bruscamente sobre ella, colocándola de manera que quede arrodillada frente al espejo. "Vamos, John, ambos sabemos que es mejor cuando te ato", se

