Sobrevivimos, pero mis padres envejecieron diez años de golpe. Marta fue mi apoyo; ella me visitaba en el centro, me traía libros, y ahora vive conmigo, ayudando en casa. Di otra calada al cigarro, apagándolo en el cenicero improvisado. “Qué coño he hecho con mi vida”, pensé. Aquellos recuerdos eróticos ahora me daban más pena que excitación. El morbo de ser usado, de tragar semen, de pollas grandes follándome... fue adictivo, pero me destruyó. Ahora, solo quiero estabilidad: aprobar la oposición, un sueldo fijo, olvidar el pasado. Volví al estudio, pero la mente seguía vagando. Me senté delante del portátil, abrí el navegador por enésima vez esa semana y tecleé la web oficial del BOE y la del Ministerio para ver si ya habían publicado las listas definitivas de la oposición. Nada. El mism

