"Pero primero, vas a calentarme los pies", dice mientras pone un pie helado sobre mi espalda. Me doy la vuelta, la miro y ella pone su pie izquierdo sobre mis abdominales, mientras que el derecho está sobre mi pecho, ambos aspirando a reclamar mi calor corporal. Uno pensaría que sus pies helados habrían congelado la situación en mis pantalones. Tiene el efecto contrario, ya que mi pene se pone increíblemente duro. Su suave pie derecho sube por mi pecho, sube por mi hombro y luego por mi mejilla. "Papá, ayúdame a entrar en calor. Respira sobre él", dice mientras menea juguetonamente el pie contra la mejilla. Tomo su delicado pie derecho entre mis manos, lo deslizo frente a mi cara y respiro aire caliente por la boca, sobre su planta fría y suave. Empiezo por el arco pronunciado, empujando

