—¡Qué vergüenza, papi! ¡No puedes preguntarme esto, estás invadiendo mi privacidad! —¡Eres mi hija! —dijo—, soy el único que puede preguntarte esto, y más vale que me lo digas. —Empezamos a besarnos y esas cosas. —…¿y esas cosas? ¿Qué significa eso? —Como tocarle las piernas… —respondí tímidamente. —¿Como si estuvieras tocando las mías? —preguntó papá, separando sus manos de las mías. —Sí, algo así —confesé. —¿Y luego qué? —continuó su interrogatorio. Nunca lo había visto tan furioso. —Hacen lo mismo, tocando mis piernas desnudas debajo de mi falda. —¿Te gusta eso? ¿Te gusta que los hombres te toquen las piernas desnudas? —preguntó, mirando mis piernas firmes dentro de mis pantalones. —Si es amable. —¿Por qué no estás vestida como una puta ahora? Empezó a golpear con los pies c

