El mensaje de respuesta llegó casi de inmediato. —Qué buena niña eres —le escribió Francisco, acompañando las palabras con un emoji de fuego que hizo que el estómago de Jessica se revolviera de excitación—. Como recompensa, te traeré un regalo especial. Ella sonrió, mordisqueando su labio con nerviosismo y deseo. "¿Qué me traerá? ¿Joyas? ¿Lencería más fina?" Pero algo en su instinto le decía que sería algo mucho más íntimo. Francisco salió del trabajo con paso rápido, su mente enfocada en un solo objetivo. No era la primera vez que entraba a un s*x shop, pero nunca lo había hecho con esta intención. La tienda estaba discretamente iluminada, con estantes llenos de juguetes y lencería provocativa. Una vendedora, una mujer de unos treinta años con pelo teñido de rojo y una sonrisa cómpl

