Daniela, con su culo enorme y carnoso elevado como un trofeo blanco y tembloroso, se montaba de espaldas sobre la v***a de su padre, el ano tragando la v***a entera con una lentitud tortuosa que hacía que los bordes rosados se abultaran en un anillo hinchado y brillante alrededor del tronco oscuro, dilatándose al máximo en un espectáculo grotesco y hermoso —las paredes internas cediendo centímetro a centímetro al grosor venoso, el estiramiento ardiente irradiando por sus nalgas separadas hasta el coño expuesto que goteaba jugos transparentes por los muslos, sonidos obscenos llenando la habitación: plop plop plop húmedo y resonante con cada descenso que engullía la longitud descomunal, nalgas aplaudiéndose contra los muslos morenos de Jorge en clap-clap salvaje que hacía temblar la cama ent

