Él sostuvo uno de mis brazos detrás de mi espalda mientras empujaba el otro hacia el mostrador. —Papá, para, me estás haciendo daño —grité. —Podría doler que te metan una polla en ese culito tuyo, ¿lo has pensado, cariño?— —No —jadeé, inclinándome a la fuerza sobre el mostrador de la cocina y con el trasero apoyado contra los pantalones de mi padre. —Eso pensé. Te gusta presumir ante los hombres, pero no prevés las consecuencias. Un día de estos seducirás al hombre equivocado, y te dejará el culo completamente desnudo.— Papá me dio un buen golpe en las mejillas mientras se reía a carcajadas. —Mira qué atuendo tan guarro. No puedes andar así, cariño. Los hombres pensarán que eres una prostituta. — —Cómprame un anillo de bodas, papá...— —¿Qué?— exclamó en tono sorprendido. —Entonces

