La sonrisa de su rostro desapareció y fue reemplazada por una mirada seria y solemne que nunca había visto antes. —Porque me fascinan los gallos. Los hay de todas las formas, colores y tamaños, y aun así, siempre están fuera de la vista, a pesar de ser tan hermosos, ¿no te parece?— —No, no lo hago.— —¿Quieres decirme que si usara tanta ropa que ni siquiera te darías cuenta de lo grandes que son mis pechos, no querrías saberlo inconscientemente? Admítelo, papá, lo harías—. —Pensé que a las chicas les gustaban los hombres con humor y por el dinero que tenían en el banco—. —Sí, pero sería una pérdida de tiempo si hiciera pipí pequeño, ¿no?— —No lo sé ni me importa. ¿Cómo te sentirías si los hombres rechazaran a las mujeres porque no les gustan sus labios vaginales?—, preguntó papá, frun

