Extendí mi lengua, la punta saboreó el sabor salado del saco de bolas de mi papá. —Amelia, pensé que solo estábamos jugando… —gruñó mientras se incorporaba. —¡Bueno, ya no jugamos más! —Lo interrumpí y lo empujé con fuerza para que volviera a estar boca arriba. Me quité el picardía inmediatamente después, ya que papá tenía la mirada fija en mi sostén. —Pensé que te enojarías si no me ponía sostén debajo —sonreí. Me encorvé hacia adelante, mientras papá seguía cada uno de mis movimientos con la mirada. —Me estás tentando a tener sexo contigo —murmuró acusadoramente, con la incredulidad reflejada en sus ojos. Me senté sobre mi trasero, con el pene erecto de papá justo frente a mí. Su mirada se dirigía constantemente a mis pechos semidesnudos y grandes. Era como si la piel suave y mis pe

