Matteo Barone había llegado dos horas antes que Catrina, haciendo caso a lo que su padre le había indicado, quería recibirla antes que nadie, verla de nuevo siempre era un reto para sus interiores. —Pues ya lleva quince minutos de retraso. —Dante, el hombre de mirada seria y fría contempló con inconformidad a su hijo. —Sus motivos debió tener, Catrina es muy puntual. —Le respondió entonces. —Tú entra, yo voy a recibirla. —Agregó en voz baja juntando las manos al frente de su cuerpo, Dante miró a su hijo con cierta incredulidad, ¡Después de tantos años de no conseguir ninguna emoción por su parte de pronto aquella jovencita lo tenía de ese modo! —Bien, pero si tarda cinco minutos más estará en serios problemas. —Advirtió, Matteo rodó los ojos. —Yo me hago responsable. —Ante lo dicho D

