Catrina no era así de madura, por lo menos no siempre. Cuando Marena le explicó que Máximo, su cercano amigo, (Además de un imbécil coleccionista de corazones) había solicitado tener una cita con ella, la joven en un primer momento pensó en jugar con él, así como él hacía con toda mujer a la que conocía…sin embargo, a pesar de su cruel primer instinto, ya se sentía lo bastante mayorcita como para seguir con ese tipo de bobadas adolescentes, de modo que por primera vez estaba siendo especialmente madura. Ella conocía se conocía a sí misma, había lidiado con su persona por suficiente tiempo como para dejarse marear por un casanova como él, ¡Es más! Le parecía un hombre que no valía la pena, incluso después de haberlo pensado un par de veces en las semanas posteriores a la última desde su e

