CAPÍTULO QUINCE: RUMORES Sus dedos recorren con suavidad desde mis pechos hasta mis caderas, mientras acaricia con su boca mi punto más sensible. Introduce uno de sus dedos en mi interior, causándome un torrente de indescriptibles sensaciones. De mi boca solo salen gemidos, ahogados por mi propio puño entre dientes. Al mismo tiempo, mi cuerpo transpira, mezclando el sudor con mis fluidos. Mis caderas se mueven al compás de sus caricias. Cuando creo llegar a la cúspide del placer, detiene sus movimientos. Intento protestar, pero soy callada por sus labios, los cuales se convierten en el puente entre su sabor y el mío. Un segundo dedo se hace partícipe de su juego, el cual, junto al anterior, comienza la lenta y placentera tortura, nuevamente. Con la adición de un tercer dígito, es capaz

