CAPÍTULO TRECE: EL PASADO REGRESA Me toma fuertemente de las manos, intentando transmitirme esa fuerza que le caracteriza. — ¿Tienes miedo? —pregunta dudosa. — A tu lado, nunca —respondo—. Solo no sueltes mi mano, ¿de acuerdo? Ella asiente con una enorme sonrisa. — Sigo pensando que no debiste venir —replica—. No es bueno para el bebé —desvía su mirada hacia mi vientre. — No podía dejarte sola —intervengo—. Alguien necesita mantenerte a raya de los problemas. — Y tú te sacrificas sin inconvenientes —se burla. Sabe que la acompaño porque quiero. Comenzamos este movimiento juntas y así terminaremos. — Sin dudarlo —contesto—. Además, mi hijo debe aprender a luchar por sus ideales desde pequeño. Intento bromear. Sin embargo, no puedo evitar el temblor en mi voz. Estoy asustada, pero

