Capítulo 2

1058 Words
Cuando el baile de aquella mujer desconocida ante los ojos de Artemis De Luca terminó, los abucheos por parte del público comenzaron. Ella bailaba con la seguridad de saber que atraería la atención de todos en el lugar, incluso del dueño de aquel sitio, Artemis De Luca. —¿Y bien? ¿Estoy dentro? —preguntó Gianna una vez salió de allí, observando a Sheysa mientras su pecho subía y bajaba ante la agitación de aquel baile. Sheysa sonrió inmediatamente, ya no importaba si debía despedir al personal entero, aquella mujer era potencia pura, no podía dejarla ir. Pero entonces, distraída ante su inevitable belleza, Sheysa sintió como Artemis, quien la observaba desde el otro extremo del lugar, las llamaba a ambas para ir tras de él. —El jefe nos llama, él dirá si te quedas o te vas. —avisó. Gianna con un poco de nerviosismo asintió, intentando arreglar su cabello despeinado mientras caminaba entre la multitud, respirando hondo hasta subir escaleras y llegar a aquel sitio alejado y privado. —¿Y ésto que es? ¿La oficina? —preguntó Gianna un poco confundida. Sheysa negó. —Aquí se encuentra el jefe y sus amigos, un sitio reservado dónde las chicas bailan sin tubo y reciben más dinero. Solo algunas, las favoritas de los hombres, llegan hasta aquí. —explicó. —Artemis De Luca es el dueño del lugar, mi jefe y el mismo que permitirá quedarte. Ante sus palabras, ambas entraron en aquel lugar, un par de sillones, la oscuridad del lugar y el silencio llegaron a ella, olía a tabaco mezclado con perfume costoso, lo mismo que la llevó a pensar que estaba justo donde debía estar. Al llegar, un grupo de tres hombres la esperaban, dos iban de traje, otro solo llevaba una camiseta blanca, bebían un whisky costoso, mientras fumaban un par de tabacos y dos chicas bailaban en el medio de ellos. Apenas fueron observadas, uno de ellos, el cual consideraba era el jefe, ordenó a las chicas salir de allí. Frente a él, otro hombre que iba de traje, no tardó en ponerse de pie, tomando la mano de Gianna y besándola con delicadeza inmediatamente. —Alonzo, un placer. —avisó muy deprisa. Gianna sonrió con cordialidad, mirando a Sheysa a su lado con temor. —Soy Gianna Veratti, un placer. —respondió sonriente. —Yo soy Franco De Luca, hermano menor de Artemis. —se presentó el joven de camiseta blanca al ponerse de pie y estrechar su mano. —Él, el gruñón, es mi hermano Artemis De Luca, el dueño del bar. —explicó al señalar. Artemis dejó su vaso de whisky a un lado, apagando el tabaco y observando a Gianna en silencio. —Gianna Veratti, una bailarina italiana. —susurró. —¿Qué te trae por aquí? —cuestionó interesado. Ella sonrió de lado, llevando su cabello tras su oreja. —Lo hago por pasión, señor. El mundo del pole dance es un arte, me ha gustado desde muy pequeña. —explicó. —Me recomendaron éste sitio como el mejor de la ciudad, el que más clientes y más días del año trabaja, pensé que al ser los mejores, querrían tener lo mejor. Artemis no pudo evitar sonreír, pasando sus manos sobre su barbilla y haciéndole señas a Sheysa que se fuese de allí. Gianna la miró con un poco de temor, lo último que quería era quedarse en aquel pequeño espacio con tres hombres completamente desconocidos. —No tengas miedo, no te haremos daño. Estás aquí por Alonzo. —señaló Artemis. —Te pagará tres veces tu valor para que bailes aquí, para nosostros. —explicó. —Pero antes, antes debes saber cómo se trabaja aquí. —recordó. —El quince porciento de tus ingresos son para mí, otro cinco para la limpieza del pole dance y tu puesto asegurado para bailar cada día. Te quedarías con el ochenta por ciento, lo cual, comparado con ottos sitios, es un montón. —aseguró. —Así que, Gianna Varatti, ¿estás o no estás dentro? —preguntó al observarla fijamente. Gianna sonrió de lado a lado, asintiendo repetidas veces mientras estiraba su mano y la estrechaba con Artemis De Luca, considerando que no era un mal hombre después de todo. —Acepto, señor. —avisó. Alonzo sonrió desde el otro lado de la habitación, haciendo señas a uno de sus hombres que traería un bajo de billetes en sus manos, el mismo que pondría sobre la mesa mirando fijamente a Gianna. —Soy un hombre de palabra, me gusta lo fino, lo costoso y las mujeres hermosas. Baila para mi y ese fajo de dinero no será el único que recibas. —explicó. Gianna observando aún de reojo a Artemis, caminó hacia él, acercándose lo suficiente como para provocarlo mientras comenzaba a bailar sin ser tocada, moviendo su cabello, usando sus piernas y llevando aquella misma sensualidad que tenía al bailar el pole dance. Franco, quien era un joven que recién cumplía su mayoría de edad, estaba completamente boquiabierto, en silencio, mientras con sus manos intentaba ocultar lo que su cuerpo inconscientemente demostraba. La clave que Gianna usaba era la provocación, lo suficientemente cerca para sentirse deseada, pero lo suficiente lejos como para no ser tocada. Artemis observaba aquella escena sintiendo un poco de celos, cosa que lo hizo sentir completamente ridículo, bebiendo un fondo blanco de todo el whisky en su vaso y tomando otro tabaco que fumaría desesperadamente mientras observaba aquella escena. —¡Te doy lo que quieras por ésta mujer, Artemis de Luca, será mi esposa! —gritó Alonzo desde el otro lado de la habitación. Gianna sabía con exactitud su posición en aquel lugar, así mismo como sabía que la clave de su éxito no sería Alonzo, si no, el mismísimo Artemis De Luca. Entonces, mientras bailaba para Alonzo, no pudo evitar girar su cuerpo, incitando y llamando la atención por completo de Artemis, mientras le miraba fijamente, mordía sus labios, pasaba sus manos por su pecho, su abdomen y provocaba todo sin siquiera estar lo suficientemente cerca para verla con claridad. Mientras Alonzo, quien ya también iba pasado de tragos, disfrutaba tener el cuerpo de aquella mujer sobre él. Se sentía poderoso, único y afortunado. La guerra por mujeres entre él y Artemis, siempre habría sido un juego que compartían.
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