Nos quedamos callados un momento, luego el doctor habló. —Ese consejo me gusta. —Comentó el médico. —Yo también ayudé a criarla, a ella le gustan los hombres… —¡Chila! —Dylan soltó la carcajada, Rafael se lavó las manos y salió a buscarla. —¿Crees que la bese? —Su voz cerca de mi oreja erizó toda la piel—. Porque yo quiero besarte mucho. Y quiero hacerles caso a las sabias palabras de Chila. —Bueno, llamaré a Nayibe pa’ que me ayude a terminar el sancocho. —salimos de la cocina y llegamos al cuarto. —Espero nadie nos interrumpa. Nos encerramos en mi habitación, encendí el aire acondicionado, él cerraba la puerta y las ventanas, antes que dijera algo ya estaba en sus brazos, recibiendo besos por mi cuello, el muy descarado empezó a masajear mis senos sobre la camiseta, mis traicio

