...Alejandro no apareció, y nadie tuvo noticias suyas. Valen intentó hacer su trabajo con normalidad, pero el ambiente pesado de la finca la afectaba profundamente. Una mañana, mientras estaba podando los naranjos más cercanos a la casa, Mateo se acercó hasta ella con una expresión seria.
– Necesito tu ayuda, Valen – dijo, sin rodeos –. Dani no come, no bebe, no quiere hablar con nadie. Sabe que ha perdido a Alejandro, y se culpa de todo. Yo no sé qué hacer para ayudarla. Tú tienes una forma especial de llegar a la gente... ¿crees que podrías hablar con ella?
Valen sintió cómo su corazón se hundía. Sabía que Mateo la estaba pidiendo ayuda como amiga, nada más, pero aún así no pudo decir que no.
– Claro que sí – respondió con una sonrisa forzada –. Voy a intentar hablar con ella ahora mismo.
Subió hasta la habitación de Daniela y llamó suavemente a la puerta. Después de unos segundos, oyó una voz débil diciendo "entra". Al abrir la puerta, encontró a Daniela acostada en la cama, vestida con un pijama blanco, su cabello rubio desordenado sobre la almohada, sus ojos azules hinchados por el llanto.
– Hola, Dani – dijo Valen suavemente, cerrando la puerta detrás de ella –. Mateo me ha pedido que viniera a hablar contigo. Pero puedo irme si no quieres que esté aquí.
Daniela se sentó en la cama, envolviéndose en una manta.
– No, quédate – dijo con voz rasposa –. De hecho... tal vez sea bueno hablar con alguien que no sea mi hermano. Él me quiere demasiado, y no puede verme como realmente soy.
Valen se sentó en el borde de la cama, mirándola con empatía.
– Me contaron lo de Alejandro – dijo suavemente –. Sé que debe ser muy duro.
Daniela rio una carcajada amarga, secándose las lágrimas con la manga de su pijama.
– Duro? – replicó –. Es peor que duro. He perdido al hombre que amo, he roto su corazón, y ahora me odio a mí misma por hacerlo.
– Pero ¿por qué lo hiciste? – preguntó Valen con curiosidad –. Todos decían que erais la pareja perfecta.
Daniela bajó la mirada, jugando con los bordes de la manta.
– Porque soy una cobarde – dijo en voz baja –. Cuando conocí a Alejandro, me sentí segura. Él es bueno, responsable, su familia es poderosa... era todo lo que mi padre quería para mí. Pero nunca sentí por él lo que él sentía por mí. Nunca sentí esa chispa, ese fuego que se supone que debe haber en el amor.
– Y tu ex novio – preguntó Valen con cuidado –. ¿Es él el que te hace sentir eso?
Daniela asintió, con nuevas lágrimas en los ojos.
– Su nombre es Andrés – dijo –. Lo conocí en la universidad, antes de a Alejandro. Él es músico, como yo. Él me entiende, me hace sentir viva. Pero mi padre nunca lo aceptó – dijo que era un vagabundo, que no podía darme una vida estable. Me obligó a dejarlo y a estar con Alejandro. Yo obedecí, porque siempre he obedecido a mi padre. Pero nunca dejé de amarlo.
Valen la miró con compasión. Sabía lo que era tener que renunciar a algo que amabas por obligaciones o por falta de dinero.
– Entonces ¿por qué no le das una oportunidad a tu relación con Andrés? – preguntó –. ¿Por qué sigues mintiendo a todos?
– Porque tengo miedo – respondió Daniela –. Miedo a decepcionar a mi padre, miedo a perder todo lo que tengo, miedo a que Andrés no pueda darme la vida que me merezco. Y además... – se detuvo, mirando a Valen con ojos llenos de celos –. Además, ahora he perdido a Alejandro, y me doy cuenta de lo bueno que era conmigo. Me pregunto si alguna vez podré perdonarme por lo que le hice.
Valen colocó una mano sobre la de Daniela.
– El perdón es posible – dijo suavemente –. Pero primero tienes que perdonarte a ti misma. Y tienes que ser honesta con todos, especialmente contigo misma. No puedes seguir viviendo una vida que no es tuya.
Daniela la miró a los ojos, y por primera vez Valen vio en su expresión algo más que desprecio o arrogancia – vio gratitud y una chispa de esperanza.
– Gracias, Valen – dijo con voz firme –. No sé por qué, pero creo que tú me entiendes. Tal vez... tal vez podamos ser amigas.
Valen sonrió de verdad por primera vez en días.
– Me gustaría mucho eso, Dani – respondió –. Ahora, ¿quieres bajar a tomar algo? El jardín se ve hermoso hoy, y los naranjos están a punto de florecer.
Daniela asintió, levantándose de la cama con esfuerzo.
– Sí – dijo –. Creo que sí quiero bajar. Y tal vez... tal vez debería llamar a Alejandro. Para pedirle perdón, aunque se que no merezco que me perdone.
Mientras bajaban las escaleras juntas, Valen sintió que una barrera se había roto entre ellas. Sabía que el camino hacia la amistad sería largo y difícil, pero estaba dispuesta a intentarlo. Y aunque su amor por Mateo seguía siendo fuerte, sabía que ahora su prioridad era ayudar a Daniela a superar su dolor y encontrar la valentía para ser honesta con ella misma y con los demás.
PARTE II: FLORES Y LÁGRIMAS
CAPÍTULO 4: EL REGRESO DE ALEJANDRO
Una semana después, mientras Valen y Daniela estaban en el jardín cortando flores para decorar la casa, se oyó el sonido de un coche llegando por el camino de tierra. Valen se giró con esperanza, pensando que podía ser Mateo, pero se sorprendió al ver que era el coche de Alejandro.
El chico bajó del vehículo con paso firme, dirigiéndose hasta ellas con una expresión seria pero calmada. Daniela se quedó helada, sosteniendo las flores contra su pecho como si fueran un escudo.
– Dani – dijo Alejandro con voz suave –. ¿Puedo hablar contigo? Solo un momento.
Daniela asintió con dificultad, mirando a Valen como buscando apoyo. Valen le dio una palmadita en el hombro y se retiró hacia los naranjos más alejados, dejándolos solos.
Se quedó a distancia, viendo cómo Alejandro hablaba con Daniela, cómo ella lloraba y asentía, cómo él le extendía las manos como si quisiera tocarla pero se contenía. Después de unos minutos, Alejandro cogió su mano y la apretó con fuerza, mientras Daniela bajaba la cabeza en señal de arrepentimiento.
Finalmente, Alejandro se despidió con una breve caricia en su mejilla y se dirigió hacia su coche. Antes de subir, miró hacia Valen y le hizo una señal para que se acercara.
– Valen – dijo cuando ella llegó hasta él –. He venido a decirte gracias. Dani me ha contado que tú fuiste quien la ayudó a entender lo que realmente quería. Quería que supieras que te estoy muy agradecido.
Valen sonrió con modestia.
– No hice nada especial – respondió –. Solo le dije la verdad.
Alejandro asintió, mirando hacia donde estaba Daniela, que seguía de pie con las flores en la mano, mirándolo con ojos llenos de tristeza.
– Yo la amo mucho, Valen – dijo en voz baja –. Más de lo que puedo decir. Pero sé que ella no me ama como yo la amo a ella. Y aunque duele, tengo que aceptarlo. Ella merece ser feliz, incluso si no es conmigo.
– ¿Y tú? – preguntó Valen con empatía –. ¿Qué harás ahora?
Alejandro rio una sonrisa triste pero resignada.
– Volveré a la universidad, seguiré jugando al fútbol – respondió –. Tal vez con el tiempo, el dolor desaparecerá. O tal vez siempre estará ahí, como una cicatriz. Pero sé que tengo que seguir adelante.
Se despidió de nuevo y subió a su coche, arrancando lentamente y desapareciendo por el camino de tierra. Valen regresó hasta Daniela, quien seguía mirando hacia donde se había ido Alejandro con lágrimas en los ojos.
– Lo siento mucho, Dani – dijo Valen suavemente –. Sé que esto debe ser muy duro.
Daniela asintió, secándose las lágrimas con la manga de su blusa.
– Él es un buen hombre – dijo con voz rasposa –. El mejor que he conocido. Y yo lo he perdido por ser una tonta, por no saber lo que quería hasta que ya era demasiado tarde.
– Pero ahora sabes – dijo Valen –. Ahora puedes seguir adelante, puedes buscar a Andrés, puedes ser honesta contigo misma.
Daniela miró a Valen con una expresión seria.
– Sí – dijo con firmeza –. Tienes razón. Voy a llamarlo hoy mismo. Voy a decirle la verdad, a decirle que lo amo, a preguntarle si aún tiene espacio para mí en su corazón. Y si no lo tiene... bueno, al menos he intentado.
Mientras Daniela se dirigía hacia la casa para hacer la llamada, Valen se quedó sola en el jardín, mirando los naranjos que comenzaban a florecer con intensidad. Sabía que Daniela estaba a punto de dar un paso importante en su vida, un paso que cambiaría todo. Y aunque ella misma aún seguía amando a Mateo en silencio, sentía que también estaba a punto de dar un paso hacia adelante, hacia un futuro que no sabía qué tenía reservado.
Esa tarde, cuando Mateo regresó a la finca después de un día en la ciudad, encontró a Valen sentada en el banco de madera del jardín, dibujando en su cuaderno. Se acercó hasta ella con una sonrisa en el rostro, llevando dos tazas de café caliente.
– He oído hablar de lo que pasó con Alejandro – dijo, sentándose a su lado –. Dani me ha contado que fuiste tu quien la ayudó a tomar la decisión de ser honesta. Gracias, Valen. No sé qué haríamos sin ti.
Valen sintió cómo se le calentaban las mejillas, bajando la mirada a sus dibujos.
– Solo hice lo correcto – respondió –. Dani es una buena persona, solo necesitaba alguien que la ayudara a verlo.
Mateo miró sus dibujos con admiración, señalando uno en particular que representaba al jardín con los naranjos en flor y una figura femenina en el centro.
– ¿Quién es ella? – preguntó con curiosidad.
Valen sonrió tímidamente.
– Es Dani – respondió –. Quería capturar la forma en que la luz del sol le caía sobre el cabello cuando estaba cortando flores. Creo que es la persona más hermosa que he conocido, aunque ella misma no lo sepa aún.
Mateo la miró a los ojos, y Valen sintió cómo su corazón latía con fuerza en el pecho. En ese momento, pareció que él iba a decir algo importante, algo que podría cambiar su vida para siempre. Pero justo en ese momento, Daniela salió corriendo de la casa con una expresión de felicidad en el rostro.
– ¡Valen! ¡Mateo! – gritó emocionada –. Lo he hecho. He hablado con Andrés. Él me perdona, y quiere verme. Quiere venir aquí, a la finca, para conocernos a todos. ¡Dice que quiere estar conmigo, sin importar lo que diga papá!
Mateo se levantó rápidamente y abrazó a su hermana con fuerza, sonriendo de verdad por primera vez en semanas. Valen se quedó sentada en el banco, mirándolos con una mezcla de felicidad y tristeza. Felicidad por Daniela, que finalmente había encontrado la valentía para seguir su corazón. Tristeza por ella misma, porque sabía que el momento que había estado esperando con Mateo se había ido para siempre.
CAPÍTULO 5: EL LLEGAR DE ANDRÉS
Dos días después, Andrés llegó a la finca en un coche viejo pero bien cuidado, con una guitarra en el asiento trasero. Era un joven alto y delgado, con cabello castaño largo recogido en una coleta y ojos marrones cálidos que brillaban con inteligencia y ternura. Cuando bajó del coche y vio a Daniela esperándolo en el jardín, su rostro se iluminó con una sonrisa tan hermosa que Valen no pudo evitar sentir alegría por ellos.
– Dani – dijo Andrés, acercándose hasta ella con paso rápido –. Cuánto tiempo sin verte. Eres más hermosa que nunca.
Daniela corrió hasta él y se lanzó a sus brazos, llorando de felicidad mientras él la abrazaba con fuerza, besándole la cabeza con ternura. Mateo y Valen se quedaron observándolos desde el banco de madera, con sonrisas en el rostro.
– Parecen muy felices – dijo Mateo con voz suave.
– Sí – respondió Valen –. Lo son. Y se lo merecen.
Andrés se separó de Daniela y se dirigió hasta ellos, extendiendo la mano con una sonrisa amigable.
– Soy Andrés – dijo –. Dani me ha hablado mucho de ustedes. De Mateo, su hermano tan protector, y de Valen, la jardinera que es también una artista maravillosa.
Mateo le dio la mano con una sonrisa.
– Encantado de conocerte, Andrés – dijo –. Dani nos ha hablado mucho de ti también. Espero que te sientas como en casa aquí.
Andrés asintió con gratitud, mirando a su alrededor con admiración.
– Esta finca es un paraíso – dijo –. Los naranjos, las flores, el aire limpio... es perfecto para inspirarse. Dani me ha contado que quieres estudiar música en la universidad. Tal vez podamos ayudar unos a otros.
Daniela se acercó hasta ellos, cogiendo a Andrés del brazo con una expresión de felicidad radiante.
– Andrés es un músico excelente – dijo con orgullo –. Toca la guitarra y el piano, y canta como un ángel. Esta noche nos va a dar un concierto privado en el jardín.
Valen sonrió con entusiasmo.
– Me encantaría escucharlo – dijo –. He estado trabajando en algunos dibujos que podrían inspirarse en la música. Tal vez podríamos hacer algo juntos, una combinación de arte visual y música.
Andrés miró a Valen con interés.
– Me gustaría mucho eso – dijo –. Creo que la música y el arte visual se complementan perfectamente. Tal vez podamos preparar una exposición juntos en la universidad cuando volvamos.
Mientras conversaban, Valen notó que Mateo la miraba con una expresión que no podía entender – una mezcla de admiración, tristeza y algo más que no atrevía a identificar. Pero antes de poder pensar más en ello, Daniela les invitó a dar un paseo por la finca para mostrarle a Andrés todos sus rincones especiales.
Esa noche, cuando el sol se había puesto y el cielo se había llenado de estrellas, colocaron unas velas alrededor del jardín y Andrés se sentó en medio de las flores de naranjo con su guitarra. Comenzó a tocar una melodía suave y triste que hizo que todos se sintieran emocionados. Después, comenzó a cantar una canción que dijo haber compuesto para Daniela durante el tiempo que estuvieron separados.
Mientras escuchaba la música, Valen sacó su cuaderno y comenzó a dibujar, capturando la forma en que la luz de las velas iluminaba el rostro de Daniela, la expresión de amor en los ojos de Andrés, la belleza del jardín en la noche. Mateo se sentó a su lado, mirándola dibujar con una expresión pensativa.
– Valen – dijo en voz baja, para que solo ella lo oyera –. He estado pensando mucho en lo que pasó hace unos días, cuando estábamos aquí sentados y te iba a decir algo.
Valen se detuvo en su dibujo, sintiendo cómo se le aceleraba el corazón.
– ¿Qué querías decir? – preguntó con voz temblorosa.
Mateo bajó la mirada, pasando una mano por su cabello con nerviosismo.
– Quería decirte que... que te admiro mucho – dijo finalmente –. No solo por tu talento como artista, sino por la persona que eres. Eres bondadosa, fuerte, inteligente... has cambiado la vida de mi hermana para mejor, y también la mía. Pero... – se detuvo, mirándola con ojos llenos de tristeza –. Pero sé que tú te mereces a alguien que pueda darte todo lo que necesitas, alguien que pueda estar contigo siempre...