CAPÍTULO 15: EL TRIBUNAL DE LOS MINI-VONTOBEL

905 Words
El despacho de la directora del colegio St. Jude’s parecía una sala de audiencias de la Corte Suprema. La directora, una mujer que solía imponer respeto, estaba sentada en un rincón bebiendo té, visiblemente superada por la situación. En el centro, tres sillas pequeñas estaban ocupadas por Evans, Edans y Bea. Frente a ellos, dos sillas grandes esperaban a los acusados. Cuando Angelina y Alaric entraron, el silencio fue sepulcral. Alaric, el hombre que hacía temblar a la mafia europea, se aclaró la garganta, sintiéndose extrañamente intimidado por la mirada fija de su hijo mayor. —Siéntense —ordenó Evans, señalando las sillas con un gesto de la mano que hizo que Angelina se pusiera roja como un tomate—. Tenemos mucho de qué hablar. Alaric se sentó, tratando de mantener su porte de Capo, mientras Angelina se hundía en su asiento, deseando que el suelo se la tragara. —Bien —empezó Edans, sacando una libreta—. Ya sabemos lo de los ojos. Ya sabemos lo de Italia. Y ya sabemos que ayer casi matas al abuelo malo. Así que, vamos al grano: ¿Eres nuestro padre o solo un donante de ojos muy comprometido? Angelina soltó un jadeo de pura vergüenza. —¡Edans! ¡Esa no es forma de preguntar! Alaric, sin embargo, se inclinó hacia adelante, mirando a sus hijos a los ojos. No había rastro de mentira en su rostro. —Soy su padre —dijo con voz firme—. Y antes de que pregunten por qué no estuve, quiero que sepan la verdad: no sabía que existían. Su madre tuvo que huir por razones de seguridad, y yo pasé ocho años buscándola debajo de cada piedra del mundo. —¿Y por qué no usaste satélites? —preguntó Evans con frialdad—. Si eres tan rico como pareces, podrías haber hackeado el sistema de cámaras de Nueva York. Yo lo habría hecho en dos años, no en ocho. Alaric parpadeó, sorprendido. —Es... una buena observación. Tuve dificultades técnicas y gente que me ocultó la información. —Mami —dijo Bea con los ojitos brillantes—, ¿entonces él es el "viajero" que nos dijiste? ¿El que estaba en misiones secretas? Angelina cerró los ojos, sintiendo el sudor frío. —Sí, Bea. Él es... vuestro padre. —¡Lo sabía! —gritó Bea, saltando de su silla y lanzándose a los brazos de Alaric—. ¡Sabía que olías a familia! ¡Tienes una barba que pincha pero me gusta! Alaric la recibió en sus brazos con una ternura que le humedeció los ojos. Por fin, tenía a su princesa. Pero el tribunal no había terminado. —Ella se lo ganó fácil —dijo Edans, cruzándose de brazos—. Pero yo tengo una duda técnica. Mami dice que para tener bebés se necesita mucho amor. Si nos tuviste a los tres de un solo viaje... ¿eso significa que eres como un superhéroe del amor o algo así? Angelina se cubrió la cara con las manos. —¡Por favor, detengan esto! ¡Directora, haga algo! —La directora simplemente se limitó a esconder el rostro tras su taza de té. —Significa —respondió Alaric, intentando no reírse ante la cara de su mujer— que cuando amo a alguien, lo hago de forma intensa. Y su madre es la única mujer que he amado. Evans, que se había mantenido en silencio, se puso de pie. Se acercó a Alaric y lo miró de arriba abajo con una madurez que asustaba. —Entiendo la situación —dijo el niño—. Entiendo que no sabías de nosotros. Pero para mí, sigues siendo un desconocido. No esperes que te llame "papá" hoy, ni mañana. Mi brazo no se tuerce tan fácil como el de Bea. —Lo respeto, Evans —asintió Alaric—. Los hombres de verdad se ganan el respeto, no lo exigen. —Exacto —continuó Evans—. Tendrás que empezar de cero. Tienes que demostrarnos que no te vas a ir otra vez. Y mami... —Evans miró a Angelina con una ceja levantada—, la próxima vez que te pongas roja porque él te mira, disimula un poco, nos das vergüenza ajena frente a la directora. —¡Evans! —chilló Angelina, mientras Alaric soltaba una carcajada sonora que resonó en todo el colegio. —Y otra cosa —añadió Edans—. Si eres nuestro padre, ¿podemos ir en tu coche blindado a por helado? Porque el de mami es muy aburrido y el tuyo tiene botones que parecen de misiles. Alaric se puso de pie, cargando a Bea en un brazo y poniendo la mano sobre el hombro de Edans. —Podemos ir en el coche que quieran. Y sí, tiene botones que no deben tocar... todavía. Salieron del despacho formando una estampa increíble: el Capo de la mafia rodeado de sus tres herederos, mientras Angelina caminaba detrás, tapándose la cara con el bolso, escuchando a sus hijos preguntarle a Alaric si en Italia era legal tener leones de mascota y si él podía comprar el colegio para cancelar las clases de gimnasia. La verdad había salido a la luz. Y aunque Evans seguía siendo un muro difícil de escalar, Alaric sabía que la batalla más importante ya había comenzado: la de ser, por fin, el padre que sus hijos merecían.
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