La Mansión Vontobel en Westchester nunca había albergado a tantas leyendas vivas bajo un mismo techo. El aire no solo vibraba con la planificación de la boda, sino con el peso de siglos de historia de dos de los linajes más poderosos y oscuros del mundo. No era solo una reunión familiar; era una convergencia de imperios. En el gran salón de techos altos, la jerarquía era clara. Sentados en sillones de cuero frente a la chimenea, los bisabuelos mantenían una tregua silenciosa pero respetuosa. Silas Black, con su mirada de acero que parecía ver a través de las almas, y Lorenzo Vontobel, el patriarca que había cimentado el poder de Alaric, intercambiaban anécdotas sobre guerras que el mundo moderno había olvidado. A pocos metros, Giacomo e Isabella Vontobel observaban con orgullo a sus hijos

