La noche en la "Fortaleza Vontobel" no era para dormir, al menos no para los trillizos. Mientras los adultos discutían en el despacho de Alaric sobre traiciones italianas y protocolos de seguridad, en la habitación del ala oeste —una suite diseñada como un centro de mando infantil—, Evans, Edans y Bea celebraban su propia reunión de gabinete. La habitación estaba en penumbra, iluminada solo por el resplandor azulado de tres pantallas de alta definición y la luz parpadeante del perro robot de Edans, que patrullaba la puerta. —El contraataque en el muelle fue una distracción —sentenció Evans, sentado con las piernas cruzadas sobre una silla giratoria que le quedaba grande. Tenía un cuaderno de notas frente a él—. Papá y el abuelo Silas creen que Robert y Víctor eran el final del problema.

