La capilla privada de la Villa Vontobel, una joya del siglo XV con frescos restaurados y vitrales que filtraban la luz de la tarde en tonos púrpura y oro, estaba a reventar. La aristocracia de la vieja Europa, los generales de la Bratva y los capitanes de los Moretti estaban sentados en bancos de madera tallada, manteniendo un silencio sepulcral que solo se rompía por el suave murmullo de los abanicos. En el altar, Alaric Vontobel esperaba. Vestía un esmoquin de tres piezas n***o carbón, tan impecable que parecía una armadura moderna. Sus ojos dorados no se apartaban de la puerta trasera. Estaba tenso; no por miedo, sino por la urgencia de tener a Angelina frente a él. A su lado, Thiago Black actuaba como padrino, con su habitual calma gélida, aunque de vez en cuando intercambiaba una mir

