Oriana “No te atrevas.” Ori gruñó. No quería oír esas palabras de él. Todo este tiempo, de camino a casa, pensó que él estaba tan deslumbrado como ella, que estaba de su lado, pero no lo estaba. Frenó el coche de golpe, justo donde se suponía que debía hacerlo, y salió con toda su ira a flor de piel. Su mejor amigo, el padre de su cachorro, acababa de apuñalarla por la espalda como todos los demás. Él sabía y, por ‘un tiempo’, eso solo significaba que había sabido durante días y ni siquiera se molestó en contárselo. No era diferente a aquellos allá arriba, en los escalones de la casa de la manada. Los ojos de Ori se movieron de la Unidad Alfa a su hermano. Ese bastardo estaba allí, en su lugar, y tenía la desfachatez de sonreírle, tan arrogante por haber conseguido su posición aquí, y f

