“Es lo esperable cuando estás huyendo.” Asintió Maddie mientras recorrían la casa. Estaba limpia y ordenada; desde allí no se veía a ningún vecino, pero Maddie le contó que había un sendero junto al lago que cruzaba la propiedad y que mucha gente lo usaba para caminar o correr. Ana observó cómo Maddie se detenía y se quitaba el collar, y en cuanto lo dejó sobre la mesada de la cocina, ahí estaba: el aroma lobuno y renegado salió de ella de golpe. Los ojos de Ana se movieron hacia el collar, justo cuando Maddie lo abría y sacaba una diminuta bolita azul, que le entregó para que la examinara. “A veces los humanos son útiles. Compré esto por internet; es un simple collar difusor de aromaterapia, y esto…” señaló la piedra azul “es una piedra de lava, teñida por el vendedor.” Se encogió de ho

