CAPITULO 11 Neriam pasó la noche en vela pensando en miles de cosas, de lo que podría ser su futuro, pero en ninguna de ellas estaba la posibilidad de volver a amar, porque para ella el único hombre que amó ya lo había perdido. Cuando los primeros rayos de sol se filtraron por la ventana, Neriam ya estaba lista. Vestía de n***o, no como señal de luto, sino porque así sentía su alma. Llevaba un traje de cuero n***o ajustado, flexible y resistente, hecho para el combate y el mando. Sobre los hombros descansaba la capa de la Alfa, no como adorno, sino como símbolo de su título y de la autoridad que cargaba. Cuando se dirigió a la puerta para abrirla, Ronal estaba de pie a la entrada para tocar la puerta. Ella se sorprendió un poco al verlo porque lucía algo preocupado. -Mi señora —dijo

