No puedo perderte

1390 Words
CAPITULO 5 Neriam y Gabriel se dirigieron a la zona destinada para atacar las tropas que se avecinaban a golpear su territorio; todo estaba planeado cuidadosamente. Los puntos específicos donde se iban a ubicar para atacarlos de frente, los oficiales y los guerreros estaban listos para dar inicio a la batalla. Gabriel tomó la mano de Neriam, la miró y le dijo. -Te amo más que a nada en el mundo, lo sabes, ¿verdad? Neriam le dio un suave beso y le dijo. -Lo sé, mi amor, y eres más que correspondido. Ambos tomaron sus posiciones junto con el ejército y sonó una señal para que atacaran a los guerreros que estaban invadiendo su territorio. En una batalla campal por no perder su territorio, Neriam luchaba ferozmente junto a su esposo Gabriel en sus formas de lobo. La batalla duró más de 6 horas continuas, todos estaban agotados. Estuvieron a punto de perder, pero al final tuvieron que separarse para atacar a los guerreros que estaban reclamando el territorio de la manada como suyo. En la batalla Neriam peleó hasta su último aliento cuando creyó que todo ya había terminado, se llevó una gran sorpresa al ver a Ming, el lobo de Gabriel, acorralado por tres lobos. Ming estaba herido y ella corrió en su forma de loba para ayudarlo. Se enfrentó a los tres lobos como una verdadera guerrera. Los tomó por sorpresa llegando como un vendaval; fue directo al cuello de uno de ellos y de un solo mordisco arrancó su garganta. Otro de los lobos se percató de la presencia de Nyxara y fue a su ataque, pero quedó helado al ver que Nyxara, la loba de Neriam, parecía una ráfaga de viento. Sus movimientos eran tan rápidos que no se dio cuenta cuando esta pasó a su lado y lo levantó de un costado, y con sus garras rajó su vientre dejando todos sus órganos expuestos. Fue una escena brutal. El último mordió una de las patas de Nyxara, pero esta volteó y lo enfrentó de frente, saltó sobre él y lo destrozó en un instante. Cuando terminó, Nyxara, negra como la noche más oscura, estaba empapada de sangre de sus enemigos y tenía unas cuantas heridas leves. Cuando se volvió para ver a Gabriel, este yacía en su forma humana tirado en el piso con una herida grave en el pecho. Nyxara, al ver que estaba inmóvil y que ya la batalla había terminado a su favor, volvió a su forma humana para ver el estado de Gabriel. -Gabriel, amor, responde. Dijo Neriam con desespero al ver que este estaba inmóvil. Unos guerreros que estaban cerca corrieron a socorrer a sus alfas. -¿Dónde está el médico? —gritó Neriam desesperada al ver que Gabriel no se estaba curando. Un hombre llegó corriendo con un maletín de primeros auxilios, se arrodilló frente a Gabriel, examinó su herida y dijo. -Luna, el alfa fue envenenado. Su herida tiene veneno mezclado con plata. Por eso no se está curando y está perdiendo mucha sangre. Era evidente, ya que la herida era negra y se podía percibir la plata mezclada con la sangre que salía del pecho de Gabriel. -¿Qué clase de veneno es este? —dijo Neriam tratando de no perder el control. -Parece un veneno muy tóxico y tiene rastros de plata, como le dije. -Hay que llevarlo a un hospital, aquí no podemos hacer mucho por él. Neriam ordenó que se lo llevaran de inmediato. Tenían unos helicópteros de emergencia cerca del campo de batalla por si se presentaban heridos graves y así poder llegar rápido al hospital de la manada, ya que en auto demorarían más de 3 horas. El beta Ronal se enteró del estado del alfa y se dirigió al lugar donde estaban a punto de llevárselo para tratar sus heridas, y le dijo a Neriam. -Luna, ve con él. Yo estaré al pendiente de los guerreros y los heridos. En este momento nuestro alfa te necesita. -No lo haré, tengo que estar al frente de los guerreros —respondió Neriam con un nudo en la garganta. -Por favor, Ronal, ve con él. Yo veré cómo están todos y en unas horas estaré con ustedes. Por favor, no permitas que muera —dijo Neriam con lágrimas en los ojos. Aunque Neriam moría por irse con él, la líder tenía que estar ahí, ya que si el alfa de la manada caía, ella era la segunda al mando, y si se iban, los guerreros sentirían que a pesar de haber ganado terminaron perdiendo. No podía darse el lujo de que los vieran débiles. Era algo que ella y Gabriel siempre antes de una batalla se decían: si uno caía, el otro tenía que continuar y luchar para que no los terminaran matando a todos, y menos quitarles sus manadas o reclamar el título de Alfa Principal del Norte. Una hora más tarde ya estaba todo controlado. Neriam había pedido a sus guerreros que recogieran los cuerpos de los enemigos y los quemaran. Sus propios muertos debían ser trasladados a sus familiares y todos los heridos de gravedad fueron llevados al hospital. Ella esperaba que un helicóptero fuera por ella para ir a ver el estado de su amado esposo. Neriam amaba tanto a Gabriel que le resultaba imposible pensar en una vida sin él. Siempre vivió agradecida con la diosa de la luna por darle la oportunidad de vivir un amor tan lindo y especial con Gabriel, que no era su pareja destinada, pero se convirtió en su más profundo y primer amor. Ambos se habían jurado que si algún día aparecía su destino lo rechazarían, porque se amaban y no iban a permitir que su amor terminara por alguien impuesto por el destino, ya que ellos decidieron formar y crear su propio destino. Neriam iba camino al hospital cuando recordó el día que Gabriel rechazó su destino por ella, y ella había jurado que haría lo mismo si algún día aparecía dicho destino, pero hasta ahora no había sucedido. Perdida en sus pensamientos y su miedo de perderlo, Neriam no se dio cuenta de que ya había llegado a la zona de aterrizaje del hospital hasta que alguien le abrió la puerta; era el beta Ronal. -Dime cómo está mi esposo —preguntó Neriam mientras caminaban al ascensor. Ronal la miró con tristeza mientras las puertas del ascensor se cerraban. Ella sintió que se le apretó el corazón con miedo a la respuesta que le diera Ronal. -Dime la verdad, Ronal, ¿Gabriel está muerto? —preguntó Neriam sintiendo que el suelo bajo sus pies se desvanecía. -Neriam, no. Gabriel no está muerto, pero… —Ronal hizo una pausa tratando de pronunciar las palabras tan amargas que estaban atoradas en su garganta. -¿Pero qué? ¿Qué es lo que pasa, Ronal? -Su estado es grave. Los médicos no dan esperanzas; dicen que el veneno ya invadió todo su cuerpo y no hay forma de revertirlo —dijo Ronal con la voz quebrada. Neriam iba caminando dirigida por Ronal al lugar donde estaba Gabriel y, al escuchar sus palabras, se le congelaron los pasos y sintió que su corazón se le estrujaba. -No puede ser… no puedo creer lo que me dices, es imposible —dijo Neriam con la voz quebrada. Ya no tenía más fuerzas para contener sus emociones. Ronal tomó su mano y la acercó a unas sillas para sentarse, ya que Neriam se puso pálida ante lo que acababa de escuchar. -Luna, lo lamento. No sé qué decirte, es lo que han dicho los médicos. Tienes que ir a verlo, quizás tu presencia le dé fuerzas para continuar. Neriam se puso de pie y le dijo a Ronal. -Llévame con él, necesito verlo. Ronal condujo a Neriam a la habitación de Gabriel. Este estaba tendido en la cama; su aspecto era pálido, como de alguien a quien se le estaba escapando la vida. Ella tragó saliva y trató de recomponerse antes de acercarse. Caminó lentamente para tomar su mano. -Amor… —dijo Neriam. Sintió miedo, ya que su mano era fría al tacto, y siempre que lo abrazaba o tocaba, su piel era tan cálida como los rayos del sol. Pero el hombre tendido en la cama se sentía frío, como si estuviera muerto.
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