Alexander pasó por la compañía, pero no había permanecido mucho tiempo ahí, dentro de su empresa solo estuvo de paso y se fue a su piso después de eso, una vez en su piso se sentó en su enorme sofá, e inevitablemente ya ponía los ojos ahí, sobre el cuadro, la pintura de Andrea Boughen, una obra de arte fantástica que encerraba el verdadero sentimiento de la muchacha. Y lo que le transmitía estaba cuestionando a cada rato sobre las emociones de Andrea. ¿Realmente se sentía atraída hacia él? Qué lo pintara lo dejaba pensando en eso. La forma en la que reaccionaba a sus toques, a su presencia y su cercanía, la forma en la que se movía nerviosa si lo tenía a solo unos centímetros y la correspondencia de cada uno de sus besos, además de la forma en la que ella actuaba y se expresaba delante

