Lo llamativo no era tanto que yo me haya montado al caballo del alfa, que de por sí era un gran acontecimiento que el pura sangre me permitiera, sino que era de como me veía al estar cabalgando sobre ella, ante el semental aguerrido. El caballo brillaba con un fulgor oscuro brillante, su piel se había hecho más reluciente, el aura en sí de ese caballo ya era majestuoso, pero al montarlo, se deslumbró por completo con un brilló intenso, excepcional. Todo mi cuerpo había tomado un fulgor blanco brillante e intenso, parecido a un ser hipnotizante de otro mundo. Murphy había montado en su caballo y había salido en dirección a donde se encontraba su jefe Alfa Alejandro. El aún no creía lo que había presenciado. La supuesta leyenda del Alfa gobernante de los diez Clanes, se estaba cumpliendo

