Roberta, aún disfrazada de Rebecca, Alessandro y los dos niños decidieron regresar a casa sin siquiera comer porque, además de que ellos no tenían hambre luego de lo sucedido, el abuelo de Alessandro ni siquiera asomó la nariz tras dejar la sala cuando la madre y el padre del niño se quedaron abrazados en la sala; no lo hizo ni cuando Alessandro subió a disculparse y despedirse. Roberta terminó llorando, irremediablemente, y es que definitivamente le comía la culpa cada que se daba cuenta de las diferencias que hacía entre ese par y, aunque expuso sus razones cuando se las preguntaron, la verdad es que ella no fue completamente consciente de ese hecho sino hasta que lo externalizó y se lo retroalimentaron. Y, ahora, que ya no tenía excusas para querer más a Estrella, porque el pequeño

