Estará casi doce horas incomunicado y dejará a Rocco solo, ni siquiera Luca, que es un excelente elemento, lo estará acompañando. —No olvides tu insulina y… —Y que debo comer. No lo olvidaré. Gracias, hermano. Siento alterarme. No vuelvas hasta traerme a Matteo. — Rocco sale de la biblioteca. Salvatore frunce el ceño, no ha podido ver a Caterina y los hombres que estuvieron en la emboscada no han podido darle una información clara sobre ella y Rocco parece haber perdido la cabeza por esa mujer. Si fuese por Salvatore, enviaría a otra persona detrás de Matteo, quien pronto estará muerto o bajo la protección de don Ettore. La madrugada entra en la villa, como lo hace el mar, en una cueva; lentamente, sin anunciarse. Dentro de la habitación, la leve luz de una lámpara encendida deja v

