El silencio reinaba en la oficina de diseño. Las luces tenues de los monitores eran lo único que iluminaba el espacio a esas horas. Afuera, la ciudad ya dormía, y el reloj marcaba casi la una de la madrugada. Estrella estiró los dedos con cansancio y masajeó su cuello adolorido. Llevaba horas frente a la computadora, perfeccionando un modelo nuevo. El trabajo la había absorbido, como solía ocurrir cuando necesitaba huir de la confusión emocional que la perseguía desde el banquete. El rostro de él aparecía una y otra vez en su mente… sus labios, su voz grave, ese magnetismo que se le impregnaba en la piel como un perfume. Suspiró y guardó los archivos. Se colocó su chaqueta ligera, tomó su bolso y apagó las luces. El pasillo estaba en completo silencio. El resto del edificio parecía aband

