La luz de la mañana se filtraba suavemente por las cortinas blancas de lino, dibujando siluetas doradas en las paredes color crema del dormitorio. La habitación olía a madera nueva y a jazmín, por el pequeño ramo que había dejado en el buró la noche anterior. Las cajas apiladas en la esquina aún aguardaban por ser desempacadas, recordándole que aquella casa apenas comenzaba a convertirse en un hogar. El suelo brillaba tenuemente bajo la luz solar, y frente a la cama, una alfombra de tonos beige y dorados suavizaba el ambiente con su textura acogedora. Estrella abrió los ojos con lentitud, sintiendo cómo la claridad iba bañando poco a poco sus pensamientos. Estaba envuelta en unas sábanas de algodón blanco, frescas, aún perfumadas con el dulce y tenue aroma del suavizante floral. El colchó

