Arina camina atravesando la entrada de la Catedral, ha sido reconstruida en varias partes, incluso remodelaron y agrandaron el lugar; observa a su alrededor, luce antiquísima, llena de vida pero silenciosa, las estatuas de santos, ángeles y vírgenes están por doquier y toda la atención de quien entre en el santuario es dirigida al altar; la enorme mesa de mármol, blanca y pulcra, se encuentra sobre una ligera escalinata junto a los asientos para el sacerdote y sus monaguillos. ― Veamos, ¿Dónde está la entrada? ― comienza a buscar meticulosamente hasta que su vista se posa en la cúpula ― Mamá, ojala pudieras ayudarme ― susurra cerrando los ojos. ― “Todo estará bien cariño, sigue tus instintos.” ― la voz de su madre llega a sus oídos haciéndola sonreír. Para la rubia sigue siendo algo nu

